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El capital ficticio y el trabajo improductivo

El capital ficticio y el trabajo improductivo

El desenvolvimiento de una nueva etapa de la crisis internacional, se expresa a través de diferentes manifestaciones. A saber, probable entrada en default de Grecia y el peligro de trasladarse esta situación a otros países de la Unión Europea. Caída de las principales acciones de los bancos y de las empresas en las Bolsas de valores más importantes del mundo. Recesión en los EEUU y en los principales mercados de consumo de alimentos, etcétera. El problema inmediato para la Argentina y para la región, es saber en qué medida la crisis ya anunciada, impactará en el desarrollo de su economía y en la vida de la población. El problema de   largo alcance, está en neutralizar las presiones externas y así profundizar en la dirección iniciada por los pueblos y gobiernos de América del Sur en el inicio de este nuevo siglo: Hacia el desarrollo de un grado más elevado, de autodeterminación e independencia. La vía suramericana, supone una desconexión relativa de esos mercados financieros. Ha quedado demostrado que el país puede crecer con un mínimo de financiamiento externo y que finalmente, es una falacia la idea de aislamiento de la Argentina ante la falta de financiamiento de los mercados externos, que en otras épocas han endeudado y empobrecido a nuestra sociedad. Es una crisis de una parte del capital ficticio, generado por los mismos grandes bancos que en connivencia con los dueños de la máquina de hacer dinero, facilitan la centralización de la riqueza generada por el trabajo colectivo, al propio tiempo que sostienen las bases del sistema financiero. La crisis del capital ficticio, se da en el marco de un gran cuestionamiento a la hegemonía de un orden mundial encabezado por los EEUU. Surgen otros centros de decisión. Es decir, se generaliza un proceso de des-globalización asimétrico con varios centros de gravedad, que expresan en parte nuevos órdenes culturales. La generalización de la presencia del capital ficticio a partir de mediados de los años ´70, es congruente con la generalización de la simulación en la reproducción de las relaciones políticas. Así como también el capital ficticio, al no estar vinculado orgánicamente con la producción de bienes y servicios, genera al mismo tiempo relaciones sociales espurias y virtuales. En la era de dominación de las finanzas y sobre todo, cuando una masa de riqueza es reproducida artificialmente, se generan relaciones sociales de una mayor contingencia, que al evaporarse el capital virtual como en este momento, se descomponen con mayor facilidad. El mismo destino sufren las fracciones sociales surgidas al calor de la especulación financiera, desdibujándose así su función social. Capital ficticio y desocupación adornada de precariedad laboral van de la mano. Cuando explota la burbuja financiera, los dueños del dinero en gran escala, extrapolan los problemas y la responsabilidad hacia las sociedades y gobiernos más débiles, para que paguen con el sacrificio de sus pueblos, lo que ellos generaron. El desafío de la época es entonces: reconstruir el entramado productivo y el tejido social, con la mayor independencia posible de los alcances de la especulación financiera. El destacado intelectual Samir Amin hablaba en décadas anteriores de la desconexión de los países subdesarrollados, a través de seguir una vía alternativa al derrotero capitalista. Por supuesto que esta posibilidad, dejada de lado por muchos países después de la caída del muro de Berlín, tiene un valor que va más allá de aquellas circunstancias históricas. Lo central es retomar el espíritu de aquella proclama en aras de una desconexión relativa de nuestros países con los poderes hegemónicos en proceso de debilitamiento acelerado.  Carlos "Chino" Fernández Asesor IAJ-CGT