TLC: ¿Ventaja o desventaja?
Durante el debate
En la plenaria del Parlamento estadounidense, en la que se voto el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia, se presentó un álgido debate que estuvo enmarcado por fuertes disputas entre los republicanos y buena parte del partido demócrata, que se oponía al acuerdo comercial.
Fueron varios los argumentos que se dieron en contra y a favor. El primero de ellos, y por el cual estuvo frenado durante cinco años el tratado, fue el concerniente a la violencia contra los sindicalistas y a la violación de derechos humanos.
En este sentido, congresistas demócratas como el representante de Texas, Lloyd Doggett, y la representante de California, Maxine Waters, lanzaron duras arengas en contra del acuerdo, tales como: “estamos a punto de firmar un acuerdo con la capital mundial del asesinato contra el sindicalismo”, ó "me parece profundamente preocupante que el Congreso siquiera esté sopesando un acuerdo comercial con un país que tiene el récord mundial de asesinato de sindicalistas".
Ante declaraciones de tan grueso calibre, el republicano Mario Diaz-Balart, representante de Florida, manifestó que “esa es una caricatura ofensiva de lo que el país es en realidad”. El congresista señaló que Colombia “es un aliado democrático que ha tomado pasos increíbles para reducir la violencia y el narcotráfico. Los deberíamos felicitar, darles las gracias”.
Pero los opositores no sólo se limitaron a la exposición de duras condenas, sino que se movieron al terreno de lo práctico y justificaron su voto negativo en la no inclusión del llamado ‘Plan de Acción’ (que se firmó el pasado mes de abril), en el texto del tratado. El ‘Plan de Acción’ fue un consenso al que llegaron los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, en el que el éste último se comprometió a llevar a cabo una serie de reformas que garantizaran una normatividad más estable en el aspecto laboral, y una reducción significativa de la violencia sindical y la impunidad derivada de ésta.
Un ejemplo de los antagonistas del TLC que aludieron a este hecho, fue el representante por Washington, Jim McDermott, quien manifestó que “Uribe prometía y prometía pero nada pasaba. Con el Presidente Santos no sentamos y se desarrolló un Plan de Acción para enfrentar los problemas laborales que existen. Pero eso no se incluyó en el TLC y por lo tanto no hay mecanismos para hacerlo cumplir. Por eso muchos de nosotros nos vamos a oponer”.
Tan fuerte fue la polémica que esto causó, que aunque se especula que el presidente Barack Obama podría estar firmando el tratado durante la primera semana de noviembre (cuando ambas Cámaras de Congreso estén sesionando de manera continua), aún o hay certeza sobre ello, menos cuando el propio mandatario (por petición de los demócratas) informó que el TLC no entraría en vigor hasta que se constate que Colombia ha cumplido a cabalidad con todos los puntos del ‘Plan de Acción’. A lo anterior, el Gobierno colombiano alegó que ya se cumplió con más del 95 por ciento del plan y por lo tanto éste no debería ser un obstáculo.
Otro argumento esbozado por quienes estaban en contra de la aprobación, tiene que ver en parte con la crisis del capitalismo. “Desde el ‘modelo fallido’ del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en 1994, los TLC ofrecen más de lo mismo, y perjudicarán a la pequeña empresa y a los trabajadores en este país”, expresó el senador demócrata de Ohio, Sherrod Brown. Así mismo, el coro de detractores incluyó al demócrata Mike Michaud, otrora obrero de una papelera, para quien los TLC sólo llevarán más "devastación" a las comunidades.
Con respecto a esta razón, el rebatimiento estuvo a cargo de un demócrata, específicamente el senador Max Baucus (presidente también de la Comisión de Finanzas), quien aseguró que “estos acuerdos son un regalo para nosotros pues sus productos ya entran a Estados Unidos sin pagar arancel mientras los nuestros tiene que pagar aranceles. Es así de simple y deberían aprobarse sin oposición. Yo fui a Colombia y ellos han hecho enormes progresos. Si no lo aprobamos esos progresos se podrían evaporar. Si no aprobamos este acuerdo, a dónde creen que irá Colombia con sus productos: Venezuela o China”.
Mitch McConell, senador republicano de Kentuchy, secundó la defensa del TLC en este frente, asegurando que un aumento de las exportaciones de Estados unidos, es sinónimo de creación de puestos de trabajo, lo cual incidirá positiva y directamente sobre la tasa de desempleo, que se mantiene en el 9,1 por ciento. Lo expuesto por McConell fue apoyado plenamente por la Casa Blanca, según la cual, los TLC combinados (Colombia, Panamá y Corea del Sur), incrementarían las exportaciones del país en más de 13 mil millones de dólares, y podrían crear más de 100 mil nuevos empleos.
Pero la oposición siguió atacando, y llamó a éstas “cuentas alegres”, pues afirman que allí no se contemplan los miles de millones que se irán con las importaciones, ni los empleos que podrían migrar, y para sustentar su argumento recordaron las estadísticas del NAFTA (TLC entre Estados Unidos, México y Canadá), según las cuales, desde su aprobación en 1993 se han evaporado 6 millones de trabajos en Estados Unidos.
A lo anterior, congresistas como Bill Nelson, senador demócrata de la Florida, respondieron con un as bajo la manga: el tema de la seguridad nacional, pues aunque Colombia siempre ha demostrado ofrecer un respaldo importante a las políticas de Estados Unidos, al aprobarse el TLC, la asociación entre los dos países cobra mayor trascendencia y valor, convirtiendo a Colombia en un aliado clave para Estados Unidos en Suramérica.
¿Cómo se recibió el TLC en Colombia?
En el país, la aprobación del TLC provocó dos reacciones. La de los empresarios y el Gobierno fue de euforia y beneplácito, mientras que los sindicalistas recibieron la noticia con bastante reserva: donde los primeros ven oportunidades, los segundos ven crisis, pero ¿quiénes tienen la razón?
El embajador de Colombia en Estados Unidos, Gabriel Silva, afirmó que éste es "es el comienzo de una nueva era en nuestra relación bilateral" y agradeció, igualmente, el apoyo bipartidista que consideró como un "reconocimiento del tremendo progreso de Colombia".
Así mismo, el director ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombo Americana, Camilo Reyes, auguró aumentos en el empleo y las exportaciones, lo cual conducirá a la generación de riqueza y por lo tanto la reducción de la pobreza. "La expectativa es de optimismo, tenemos el convencimiento de que hay muy buenas oportunidades para que la economía colombiana crezca", aseguró.
No obstante, frente a estos buenos pronósticos existen también otros argumentos que no ven la aceptación del acuerdo como una ventaja, pues consideran que Colombia no está a la misma altura en varios sectores de actividad, como por ejemplo el agrícola. Tarcisio Mora, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), señala que mientras los agricultores estadounidenses gozan de subsidios que abaratan las mercancías y mejoran las tecnologías, en Colombia no existe este tipo de ayuda (y cuando se ha propuesto ha terminado en escándalo como es el caso de Agro Ingreso Seguro) por lo que los campesinos quedan desprotegidos y sus producciones puede resultar más costosas.
Según Mora esto "traerá una gran pérdida de empleos y la quiebra del sector agrario, que no está preparado para la competencia", como tampoco lo están a su juicio las pequeñas y medianas empresas. Rafael Mejía, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), apoyó a Mora al expresar que "no se puede negar que hay sectores colombianos que no son competitivos y que van a recibir mucha presión", y citó las dificultades que afrontan sectores como "el arroz, carnes avícolas y los lácteos".
De otro lado, Mora consideró, así mismo, que aún no se cumplen en Colombia las garantías sindicales (que han llevado a la muerte de 22 dirigentes en lo corrido del año), ni hay infraestructura vial y portuaria que sostenga un comercio equitativo entre multinacionales y pequeños productores. Este último argumento fue apuntalado por Mejía, al mencionar que si actualmente existen serias complicaciones para trasladar productos a un puerto, debido a las vías en mal estado y la difícil navegabilidad que presentan los ríos, con la entrada en vigencia del TLC, los productores colombianos estarán en clara desventaja con competidores directos como Perú.
Por su parte, uno de los que se sitúan en la mitad del espectro es Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior de Colombia (ANALDEX), quien reconoció que el TLC es igualmente importante para EEUU, en tanto que es el principal proveedor de Colombia, y la demora en su aprobación amenazó con ponerles en desventaja respecto de otros países. "Parte de la preocupación allá, es que (el país) empezaba a verse desplazado por Argentina y Canadá en la venta de cereales, donde Colombia es importador", observó Díaz.
En ese sentido, el retraso generó angustia y pérdida de oportunidades; sin embargo, en los últimos años Colombia selló otras alianzas comerciales que son importantes, como la de México, el Mercosur (formado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), Canadá, Chile, y el triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras), y actualmente está pendiente de la aprobación del acuerdo multiparte con la Unión Europea, panorama que de una u otra forma genera un equilibrio.
De cualquier forma, tanto Mejía como Díaz y Reyes anotaron que ante un acuerdo que ya no es reversible, sólo queda depositar toda la confianza en que productos que ya están consolidados en EEUU, como las flores, café, banano, petróleo y manufacturas, funcionen como remolque para todos esos "productos sensibles", junto con sectores nuevos: frutas, hortalizas, hierbas aromáticas y biocombustibles.
En síntesis, si el TLC es una ventaja o una desventaja para Colombia, sólo dependerá del grado de inversión que haga el Gobierno colombiano en los frentes en los que necesita de una urgente modernización, y de la potencialización que se logre hacer en los sectores más débiles, para que las amenazas se conviertan en oportunidades reales. Sólo el tiempo le responderá a Colombia, si la aprobación del más anhelado acuerdo comercial fue una buena decisión para su economía.
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