sábado 28 de julio de 2007, 17:59h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:26h
El 13 de febrero de 1894 dos hermanos franceses patentaron un dispositivo que ponía “fotos en movimiento”. Se les ocurrió agujerear un rollo fotográfico y generar un mecanismo que permitiera hacer correr esa cinta a la velocidad necesaria para que el ojo humano percibiera movimiento. Habían inventado el cinematógrafo.
Dicho de otra manera, el cine no es más que una sucesión de fotos mostradas a cierta velocidad, que se aprovecha de un fenómeno de la visión humana llamado “persistencia retiniana”, que nos genera la ilusión del movimiento.
La metáfora entre “la foto y la película” ha sido y es muy usada en economía para distinguir un momento determinado de su tendencia de mediano y largo plazo. O, dicho más técnicamente, para diferenciar la “estática” de la “dinámica”.
Toda esta introducción me sirve, obviamente, para caracterizar la coyuntura político-económica de estos días. En especial, a partir de la designación de la candidata oficial. (Dicho sea de paso uno, y como me hizo notar un gran amigo, extraño designio el nuestro: La candidata oficial de la democracia argentina, empieza su campaña buscando desesperadamente, una foto con la monarquía española. Mientras el principal candidato, hasta ahora, de la oposición, inaugura su derrotero, con los indios y un ritual pagano).; (dicho sea de paso dos, dado que no tengo abuelita, les recuerdo que les anticipé en mi escrito de la semana pasada, el llamado a Acuerdo Social de Cristina. Sobre esto, escribiré en próximo envío. Sólo le anticipo que los Pactos de La Moncloa se firmaron hace 30 años para intentar sacar a España de la crisis y el estancamiento. En ese sentido, este tipo de instrumentos parecen más diseñados para salir del infierno que para disfrutar del paraíso).
Vuelvo a fotos y películas: Foto política del oficialismo; Cristina gana en primera vuelta, sin problemas, gracias, entre otras cosas, al “arrastre” de Scioli en la provincia de Buenos Aires. En ese sentido, más que seguir especulando sobre candidatos presidenciales, la oposición necesita urgente un candidato en el principal distrito electoral.
Película política del Oficialismo: los números del presidente y su esposa vienen en caída. La tendencia es ciertamente negativa, pero nadie capitaliza el deterioro oficial y, en ese sentido, con menos margen, la foto de octubre, se parece a la foto actual.
Foto de la oposición: Muy lejos de forzar el ballotage con los candidatos actuales. Insisto, nadie capitaliza el deterioro oficial, ni le quita votos a Scioli.
Película de la oposición: Lo más grave. Nadie, todavía, surge ante la sociedad como capaz de solucionar los problemas que, en general, gran parte de la gente destaca: Inflación, energía, inseguridad, transporte.
Es decir, no solo hay que forzar al oficialismo a una segunda vuelta. También hay que mostrar capacidad para gobernar la Argentina y ejercer el poder.
Foto de la economía: En el activo: Récord en niveles de actividad, fuerte reducción del desempleo. Mejoras de los ingresos de la población, Superávit fiscal. Superávit comercial. Anuncios de aumentos salariales, de jubilaciones, de salario familiar.
En el pasivo: Tasa de inflación elevada y acelerándose. Récord de gasto público y presión tributaria a los que pagan. Problemas en el abastecimiento de energía. Costos crecientes. Márgenes de utilidad contrayéndose. Desaliento a la inversión. Corrupción desbocada.
Me detengo unas líneas en lo que esta sucediendo estos días.
Por un lado, un clima generalizado en contra de los emergentes, derivado de que algunos descubrieron “de pronto” problemas en el mercado de crédito norteamericano, por las hipotecas a deudores de alto riesgo, y “vuelan a la calidad”, hacia inversiones percibidas como menos riesgosas. Y otros, que ya lo sabían, pero se van de vacaciones a fines de julio, en el hemisferio norte, y prefieren tomar ganancias, cerrar los bonus, y disfrutar de la playa lejos del Blackberry. Por otro lado, una Argentina que insiste en “defaults encubiertos” en los bonos indexados, política ratificada por Cristina, que es Kirchner, en Madrid, alegando que “detrás de la inflación, se esconden los acreedores de bonos indexados”. Y, finalmente, restricciones a la operatoria de ingreso de capitales y a la especulación del “carry trade” (vender dólares, colocar los pesos en bonos, acciones, etc y luego recomprarlos a un precio estable del dólar, aprovechando el diferencial de rendimientos locales). El Banco Central, sin embargo, puede tener el precio del dólar donde quiere. La pregunta entonces es, ¿Porqué lo quiere a 3,20 y no a 3,10?
Primera opción. Porque, el presidente quiere compensarle a los exportadores industriales y a los sustitutos de importaciones, los mayores costos energéticos y salariales, permitiendo el deslizamiento del precio del dólar.
Segunda opción. Porque ha decidido seguir la política de “incertidumbre cambiaria” para evitar un “seguro de cambio gratis”. Si estamos ante la primera opción, veremos al dólar en un escalón más alto en los próximos meses, más cerca de 3,25 que de 3,10. Sí, en cambio, estamos frente a la segunda, no sería de extrañar que, para generar esa incertidumbre, veamos a la cotización del dólar retroceder en unos días, aunque hacia un piso algo más alto.
Pero el problema con cualquiera de las dos opciones se vincula con la tasa de inflación. En efecto, el tipo de cambio real de equilibrio de la Argentina es sustancialmente más bajo que el actual. Esa convergencia se puede dar con bajas en el tipo de cambio nominal y baja inflación (a la brasileña), o con el tipo de cambio nominal fijo y alta inflación (a la Argentina). Pero si, encima, aumenta el tipo de cambio nominal, la baja del tipo de cambio real se da ¡con más inflación todavía!.
Acelerar aún más la tasa de inflación en un momento en que la tasa de inflación es alta y las expectativas al respecto son negativas, no parece algo muy adecuado. Es cierto que mañana, o la semana que viene, el precio del dólar puede bajar, pero ya los precios vinculados al dólar, “por las dudas” no van a bajar. Y menos si la demanda “vuela”.
En síntesis “jugar a la corrida cambiaria” es un juego divertido para el espíritu lúdico del presidente. Mostrar, dentro de unos días, que “aquí no ha pasado nada” y denostar a los “agoreros” también. Pero con ciertas cosas en la vida y en la economía, no se juega.
De todas maneras, para la Argentina, lo más importante del escenario internacional es seguir la cotización de los commodities agroindustriales y del petróleo, más que al bono del Tesoro Americano o el riesgo país, que ya está altísimo. En ese sentido, todo sigue siendo favorable, aunque si persisten los problemas en el mercado norteamericano, tarde o temprano, los vasos comunicantes entre fondos de hipotecas y fondos commodities surgirán.
Película de la economía: Superávit fiscal cayendo. Provincias en déficit. Subsidios creciendo para mantener los precios de la energía y los alimentos lejos de su verdadero valor. Problemas de oferta y abastecimiento. Clima anti inversión. Desorden de gestión en infraestructura. (dicho sea de paso tres, en el transporte de pasajeros ya los subsidios que igual solo sirven para cubrir gastos operativos, pero no renovación del capital, equivalen al 90% de los ingresos totales de los operadores). Superávit comercial menor. Rentabilidad empresaria en disminución. Conflictos laborales en aumento y cuasi descontrolados. Y la idea de que “el cambio recién empieza”.
Una película que no llega a ser de terror, gracias, como mencionaba, al escenario internacional, todavía muy favorable en la demanda de nuestros productos de exportación, pero que está pasando, claramente, de ser una “comedia” a un thriller de suspenso.
Y esta “sensación térmica” esta llegando cada vez más a los inversores, a los empresarios locales y extranjeros y, lo que es más grave, a los taxistas.
Es cierto que en los próximos meses la demanda seguirá volando con los incentivos oficiales en busca de evitar el ballotage, pero no es menos cierto que la proyección lineal de este escenario implica problemas crecientes.
Cuidado, no se trata de una crisis “tradicional” de la Argentina, ni mucho menos. La inflación está todavía en la etapa “benigna” de mejorar los ingresos públicos, sin erosionar el poder de compra salarial, dados los últimos aumentos. La deuda es creciente, pero su perfil razonable con este superávit fiscal e, insisto, los precios internacionales y la devaluación del dólar ayudan.
Pero la “persistencia retiniana” en las políticas descriptas y desconocer los valores reales del tipo de cambio, los precios de la energía, las tarifas de transporte, etc no terminan en un final feliz.
Desaceleración del crecimiento, menor rentabilidad y conflictos laborales crecientes y más violentos, luce hoy como la descripción del escenario más probable, aunque corregible y superable, pero no con estas políticas, ni con su “profundización” .
Cuidado, hasta Hollywood admite ahora “antihéroes” y finales tristes.