OPINIÓN/Víctor Gijón
martes 06 de noviembre de 2007, 16:48h
Actualizado: 07 de noviembre de 2007, 07:14h
Disculpen el sensacionalismo con el que titulo este artículo. Vaya por delante que ni hoy, ni ayer ni nunca he considerado a Ignacio Diego, presidente del PP, cómplice, ya sea por acción u omisión, de la banda terrorista. Desgraciadamente él y su partido no pueden decir lo mismo. Sus infames mentiras se han cebado en el Gobierno de la Nación, en el de Cantabria y en todo aquel que no les bailara el agua.
La última vez Diego puso en duda la voluntad de lucha contra ETA de socialistas y regionalistas por no seguirles --a él y a su diario de cabecera-- en la guerra santa contra ANV que había incluido en sus estatutos la anexión de Castro Urdiales a Euskadi. Pues bien, el alcalde de esa localidad, el tránsfuga Fernando Muguruza, en ese cargo con los votos del PP, declara a un periódico del Grupo Vocento, al que pertenece en Cantabria el medio que apoya a Diego y su partido, estar trabajando para formar una mancomunidad de municipios con los ayuntamientos vascos limítrofes.
Dicho a la pata la llana: Muguruza anuncia su intención de unir Castro a Euzkadi. ¿Y que ha hecho Diego y el PP? ¿Han retirado su apoyo de forma fulminante al alcalde de Castro? O, tal vez, ¿han exigido la unidad de todos los partidos democráticos contra Muguruza y sus tendencias pro vascas? Tal vez ¿hayan pedido un pleno extraordinario del Parlamento? Para nada. El silencio es la respuesta.
Por lo visto y oído Diego estaba ayer muy ocupado en meterse con el Gobierno en el Parlamento, en un nuevo intento fallido por enfrentar al presidente Revilla con la vicepresidenta Gorostiaga. ¿El asunto elegido? El conflicto laboral de Moehs. Con su verbo insultante de siempre Diego repartió admoniciones, descalificaciones y acusaciones varias para terminar, creyéndose ingenioso, calificando al Ejecutivo regional de “Gobierno de Pancho Revilla”.
De Muguruza y su decisión de mirar hacia Euzkadi, de sus declaraciones favorables a buscar en comunidad autónoma ajena apoyos que, afirma sin prueba alguna, en Cantabria no tiene, nada de nada. Y es que a Diego no le preocupa en absoluto la unidad territorial de Cantabria --y con razón, porque no corre peligro alguno--, asunto que sólo trae a colación si cree que con ello puede atacar al Gobierno de Zapatero y al del PRC-PSOE. Por ello si quien se pavonea, apoyando en la práctica lo mismo que pretendía el Plan Ibarretxe y ANV, es su aliado castreño, el delincuente político Muguruza, entonces la respuesta de Diego es un espeso silencio y a mirar hacia otro lado.
Pero siguiendo el razonamiento aplicado a los demás por el PP no hay mas remedio que convenir que si quien calla otorga, y Diego al no desautorizar a Muguruza y retirarle su apoyo está avalando su posición de llevarse Castro a Euzkadi, podría deducirse que el líder del PP hace el juego a los amigos de ETA. Todo según la doctrina del PP sobre las complicidades con el terrorismo etarra.