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SOS sapos

miércoles 21 de noviembre de 2007, 18:42h
Con el abandono de la ganadería tradicional, los pilones y abrevaderos construidos en los campos para las reses también van desapareciendo. En principio, esto no tendría que suponer ningún problema, pero es una de las principales causas de que las especies de sapo y rana del sureste de la Comunidad se encuentren en regresión. Para procurar su conservación la Consejería de Medio Ambiente está desarrollando por tercer año consecutivo el proyecto Sapo SOS.
Los niños aprenden la importancia de la biodiversidadAunque en general los sapos son animales de hábitos terrestres y se puedan encontrar debajo de una piedra o en un jardín, su conservación como especie depende de la existencia de puntos de agua "tranquilos", es decir, charcas, abrevaderos o zonas pantanosas, especifica el director general de Promoción y Disciplina Ambiental, Luis del Olmo. Aquí estos animales ponen los huevos que se convertirán en larvas y que, posteriormente, darán paso a un nuevo sapo.

Una charca recuperada gracias al proyecto Sapo SOS Por este motivo, si desaparecen los hábitats de reproducción de los sapos, su conservación corre peligro. Aún más si se trata de la rana común, uno de los anfibios más ligados a los puntos de agua. En concreto, en el sureste de Madrid se pueden encontrar ocho especies de anfibios, como el sapillo pintojo o el sapo partero.

Los factores que más influyen en la degradación o desaparición de pilones y charcas se deben al abandono de la ganadería o a que una construcción haya cortado la corriente natural del agua. Además, la contaminación por fertilizantes, el cambio climático o la introducción de especies exóticas también contribuyen a que algunos anfibios estén en regresión en el sureste de la región.

Un sapo partero Así lo puso de manifiesto un informe del Museo de Ciencias Naturales. En él se hablaba del peligro en el que se encontraban algunos anfibios, en especial el sapo partero. De ahí surgió el proyecto Sapo SOS, desarrollado por la Consejería de Medio Ambiente en colaboración con el Museo Nacional de Ciencias Naturales, según explica el director general de Promoción y Disciplina Ambiental.

Un panel informativo sobre las especies de sapos del sureste de Madrid El objetivo del proyecto es recuperar los puntos de agua que existen en el sureste para favorecer la reproducción de los anfibios autóctonos. Este año se han recuperado siete de estos humedales y para 2008 está previsto acondicionar cinco fuentes y charcas en Valdilecha y cuatro en Valdelaguna.

Para regenerar estos pequeños ecosistemas, el proyecto cuenta con la ayuda de educadores medioambientales con formación sobre anfibios, quienes, además, van acompañados por escolares, pues el proyecto Sapos SOS también pretende sensibilizar a los niños sobre la importancia de la biodiversidad.

Los niños conocen las características de las especies de anfibios de la zona Durante 2008 serán los niños de los colegios 'Miguel de Cervantes' de Valdilecha y 'Los Olivos' de Valdelaguna los que aprendan a diferenciar los distintos tipos de anfibio y sus peculiaridades tanto en clase como en excursiones. Así conocerán de cerca estos animales y también los trabajos de restauración de las fuentes y charcas.

Para regenerar estos pequeños ecosistemas se repara la infraestructura si es necesario, se rodea con piedras o talanqueras a modo de barrera y se reforesta la zona con juncos o árboles, entre otras medidas. Junto a los puntos de agua también se colocan carteles informativos sobre las especies propias de la zona, en los que se recoge la prohibición de introducir animales que pueden aniquilar la fauna local.

El próximo año se recuperarán nueve puntos de agua De esta manera, el proyecto Sapos SOS pretende dar a conocer a los escolares la biodiversidad del sureste madrileño y recuperar el hábitat necesario para la conservación de los anfibios. Pero los resultados de este trabajo van más lejos, ya que los puntos de agua, en especial en el sureste de la región debido a su clima seco, son auténticos oasis para toda al fauna del lugar, explica Del Olmo. Allí las libélulas pueden criar, y las aves y el resto de animales que habitan en este enclave de la Comunidad beber agua.
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