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OPINION

Patria y unidad popular
(Foto: Diariocrítico de Castilla-La Mancha)

Patria y unidad popular

David Huerta. Miembro del Consejo Ciudadano de Podemos Castilla-La Mancha

miércoles 24 de junio de 2015, 11:48h
El 1 de abril de 1939 se certifica la derrota militar de la democracia y la victoria de la sublevación fascista. Espaňa se convertía en una cárcel, "grande".

La libertad se despedía al alba, la igualdad cabizbaja cruzaba la frontera y la fraternidad iniciaba un largo periodo de vida clandestina. A la transformación político-cultural que había dado comienzo en 1931 se le iba a dar la vuelta como a un calcetín.

75 años de transformación forzosa después iban a pasar factura y el país en el que vivimos hoy es distinto al país que confrontó al totalitarismo a mediados de los aňos 30 y también al que protagonizó los tiempos de la transición. La lógica reformista se apuntó la mayoría de los tantos de la transición y es un discurso que hoy en día –renovado en la idea de una segunda transición– carga con los fracasos del que tuvo que ser un estado social y de derecho, pero también, con la posibilidad de capitalizar políticamente los aciertos o conquistas de la pasada etapa.

Esta voluntad de reforma teledirigida por las élites ya se impuso una vez frente al anhelo más rupturista y también frente aquellos que querían regresar a lo más oscuro de la época dictatorial.

Hoy, cuando la crisis de régimen permite la apertura del debate sobre el modelo de país y tras la irrupción de un discurso de cuňo novedoso –que nació con el 15M–, cuya columna vertebral es la idea de la existencia de una amplia mayoría social de carácter plurinacional, unida por un ideal de democracia y de defensa de los derechos sociales –una mayoría que no comparte identidades culturales, que no comparte símbolos y que además no parece estar dispuesta a tragar con identidades o símbolos impuestos–, las viejas formaciones corren a travestir o adaptar los viejos discursos.

Pedro Sánchez, arropado por una enorme bandera española, ya ha elegido apuesta simbólica e identitaria. Ha optado por aferrarse al espíritu más reformista de la transición con toda la carga de construcción cultural que conlleva, volviendo a traicionar el legado democrático de su partido y obviando el sentir de los pueblos que siempre se han opuesto a tal imposición.

Una estrategia que a corto plazo podría resultarle efectiva, pero que no dependerá de sí misma para resultar hegemónica, sino de la reacción del adversario y, en especial, de la capacidad o incapacidad que tengan todas las fuerzas por la transformación profunda (movimientos o partidos), bajo el paraguas de la hipótesis podemita, para conformar el armazón del discurso plurinacional, con toda su carga simbólica e identitaria.

En otras palabras, y al hilo –como no– de un debate candente, todo parece depender de que consigamos construir la unidad popular, entendida como la construcción de una identidad nueva. Esto supone también la creación de nuevos símbolos y banderas que sean capaces de enarbolar las demandas de una amplísima mayoría social seducida por esa idea de un estado plurinacional. O de que caigamos en lo que, considero, sería un error, en aferrarnos a los símbolos presentes o pasados o a las formas de construcción política que se han demostrado ya (y también antaño) insuficientes.

David Huerta

Miembro del Consejo Ciudadano de Podemos Castilla-La Mancha
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