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“En Siria no eres nada, no hay dignidad. Aquí me siento libre”
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(Foto: A.Castaño)

“En Siria no eres nada, no hay dignidad. Aquí me siento libre”

Dalal, inmigrante siria, analiza la crisis humanitaria que asola su país

miércoles 16 de septiembre de 2015, 21:17h
Dalal lleva 15 años en España. Peluquera y profesora decidió salir de su ciudad, Alepo, en Siria, huyendo de un matrimonio fallido y buscando “libertad” y “dignidad” que en su tierra se le negaba como mujer divorciada. Conocemos su historia y su punto de vista sobre la guerra en este país y la crisis humanitaria que ha desatado.

“En mi país había libertad pero necesitaba algo más, ser tratada como un ser humano. Necesitaba dignidad, aquí la he encontrado y soy una persona importante. No importa quién soy sino cómo soy y cómo trato a la gente. Allí en mi país eso no ocurría”, relata Dalal, una siria que vive en España desde hace más de una década.


Por aquel entonces, en Siria las cosas eran distintas. El régimen de Bashar al-Assad comenzaba en el año 2000, poco antes de que Dalal dejase el país.


Nos cuenta que los sirios – y también la comunidad internacional- percibían un cambio, una mejora en la economía y en las libertades que, sin embargo, ella dejó atrás.


Ahora, Alepo es una ciudad dividida en dos zonas, una controlada por los partidarios del régimen de al-Assad y otra por los rebeldes.


Esta mujer, cuyo nombre significa ‘Mimo’, mira con preocupación, indignación y dosis de incredulidad lo que ocurre en una Siria a la que, nos dice, no quiere volver porque “allí no eres nada, no hay dignidad. Aquí me siento libre.”, repite una y otra vez.


Allá por el año 2000 buscaba algo más en su vida y lo ha conseguido en España sin intuir lo que se avecinaba sobre sus compatriotas sirios.




“Mi madre dice que no reconocería mi país”


Ella tuvo una suerte muy distinta a la de las miles de personas que han huido de la guerra y la miseria y que caminan por un limbo político y social a lo largo de muchos kilómetros, atravesando países que no siempre les dan la bienvenida.


Dalal consiguió traer a su hija desde Siria. Su oportunidad llegó con un trabajo en la embajada de Madrid durante ocho años y después decidió montar su negocio, un restaurante de comida árabe que, como tantos, sufrió los estragos de la crisis y hubo de cerrar. Ahora lleva tres años en el paro, casi tanto tiempo como la guerra que estalló en su país y que se ha llevado por delante miles de vidas humanas.


La hemos conocido en la Escuela de Traductores de Toledo a la que ahora acude buscando “una profesión con salida” y donde convive con otros que no piensan como ella. "En el fondo todos queremos la paz".


Sueña con ser intérprete y “ayudar a las personas” y, por eso, estudia para perfeccionar su español mientras mira hacia un país del que le han dicho que ya “ni reconocería”. Son las palabras de su madre, convertida en refugiada. Ya está en España, ajena al éxodo, lejos de una guerra de la que huyó nada más empezar y también lejos de otros tres hijos.


Una hermana de Dalal se marchó a Turquía pero quedan otros dos de sus hermanos en Siria. Uno de ellos vive en la fragmentada Alepo porque "no quiere dejar su casa". El otro está en Damasco. Hasta ahora, relata, “no les ha ocurrido nada, pero no sabemos lo que pasará”, dice, recordando como “muchos fueron a la cárcel y no supimos más de ellos, si están vivos o muertos”.


Es una guerra que esta enérgica y emprendedora mujer no entiende y que no atribuye particularmente a razones religiosas entre chiítas (la fe que profesa el presidente) y suníes sino a “demasiados intereses cruzados”.



“Hemos perdido nuestro país y… ¿qué hemos ganado?”


“Sé que mi punto de vista es diferente y muchos no lo entienden”, reconoce, para preguntarse “¿qué hemos ganado los sirios? ¿Hacia dónde queremos ir con la guerra? ¿Quién ha perdido? ¿al-Assad? No, él tiene su dinero, pierdo yo y pierden otros”.


En el fondo, es lo que lamenta, “hemos perdido nuestro país” y cree que al-Assad “es un muñeco” en manos de otros.


Comprende que sus compatriotas salgan de un país “en el que no hay nada, ni para comer”. Y lo cuenta no sin cierta tristeza porque, asegura, “cada uno puede opinar lo que quiera pero creo que el presidente es una buena persona que ha mejorado el país, que ha mejorado mucho Alepo. La gente ha vivido muy bien, con libertad, casi felices podríamos decir. Podías salir a la calle, a las 4 o las 5 de la mañana y no pasaba nada”.


Dalal critica también la “falta de vergüenza” de los países árabes. “Tienen mucho dinero pero solo apoyan a los que tienen intereses con ellos. Siria ha estado siempre ayudando, ha abierto sus puertas a todos y cuando nosotros hemos caído… no hemos visto a nadie. No hay interés y eso ha complicado más el problema”.


“A los sirios no les gusta dejar su país, muchos son empresarios luchadores, muy buena gente. Entre los árabes, tenemos muy buena fama, no somos como otros” dice Dalal que piensa que una vez que lleguen a España no querrán volver porque “el país no va a cambiar ni en 100 años”.


Ahora mira la llegada de los refugiados sirios a España como una “oportunidad”. Pronto pedirá la nacionalidad del país en el que vive “feliz”.


Su objetivo: labrarse un futuro como traductora, ayudando a sus compatriotas, a aquellos que lleguen desde un infierno al que ella no tiene pensado regresar.
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