Miguel Angel Granados
jueves 28 de diciembre de 2006, 21:36h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 07:53h
Es del dominio público la existencia de eventos delictivos que no sólo rebasan el ámbito de la seguridad personal, sino que trascienden a la esfera de la tranquilidad social, al generar un ambiente de incertidumbre y miedo entre la población, particularmente de algunas ciudades cuyos niveles de inseguridad rayan en un estado de sitio.
El problema es de dimensiones mayúsculas, sobre todo si tomamos en cuenta que los gobiernos salientes a nivel federal y local en el Distrito Federal, han minimizado las causas y los efectos de la creciente violencia urbana y rural. Es realmente escandalizante la pasividad asumida ante una auténtica crisis en el campo de la seguridad pública.
Por lo anterior, es de suma importancia que el gobierno federal de Felipe Calderón y el gobierno local de Marcelo Ebrard desde sus prolegómenos atiendan ese reclamo popular, traduciéndolo en acciones concretas y frontales para combatir a la delincuencia. En nuestra opinión, si es necesaria la militarización, bienvenida, aunque se debe cuidar de no caer en un agotamiento del modelo. Recordemos el caso en el pretérito de la delegación Iztapalapa, en la que gracias a la presencia de los militares se redujo de manera ingente la inseguridad.
En cualquier país del mundo debe quedar claro que lo más importante, por encima de factores económicos y políticos, es el capital humano; en consecuencia, la sociedad moderna es inimaginable sin mínimos de seguridad que garanticen a sus miembros la posibilidad de hacer realidad ese deseo de una vida armónica en colectividad, como contexto para el logro de los fines personales.
Las libertades democráticas se convierten en espejismos cuando la sangre nos rodea. La seguridad pública es otro de los grandes retos que no puede perderse de vista en este proceso de democratización nacional, de otra manera, los costos sociales pueden ser astronómicos y derivar en una vorágine retrógrada evocadora de la ley del más fuerte.