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La navidad de un cobarde

La navidad de un cobarde

martes 18 de diciembre de 2007, 17:45h
Actualizado: 19 de diciembre de 2007, 01:41h
¡Qué triste debe ser la navidad de un cobarde!

Cuando la humanidad está pensando en la reconciliación, el cobarde tiembla al escuchar esa palabra porque significa reconocer que existen quienes para él no existen.

Cuando la humanidad está pensando en la paz, el cobarde piensa en la guerra porque es la única forma de mantener los privilegios y el poder que ha usurpado ante los ojos, unos atónitos y otros complacientes, del mundo.

Cuando la humanidad está pensando en el amor, el cobarde sigue aferrado al Che, el gran promotor del odio como medio de lucha para aplastar al contrario; es decir, nosotros, los que pensamos distinto.

Cuando la humanidad está pensando en la esperanza, el cobarde mata las ilusiones de aquellos que son perseguidos, por temor a que digan lo que tienen que decir: la verdad.

Cuando la humanidad está pensando en la caridad, el cobarde es inclemente al humillar a quienes no se arrodillan ante él.

Cuando la humanidad está pensando en un futuro mejor, el cobarde busca la manera de anular a quienes representan ese futuro, porque sabe que no es parte de él.

Un cobarde siempre huye, y los cuarteles enseñan que también se puede huir hacia delante. Por eso, cada vez que el cobarde ataca, cada vez que grita, cada vez que ofende, cada vez que humilla, está huyendo. Y mientras mayor es el ataque, es porque más miedo siente en sus entrañas.

Un cobarde con poder se esconde tras los recursos que le brinda ese poder, los cuales disfraza de cachuchas de militar, de milicias armadas, de propaganda excesiva, de guerra psicológica, de consignas infames o de amenazas de todos los calibres.

Hoy, en tiempos de Navidad, todos los sectores le solicitan al cobarde que gobierne, que respete a los que estamos en su contra pero también a los que están a su favor, que conceda amnistía a los presos políticos, tal y como la democracia le perdonó a él sus crímenes y sus traiciones, que se ocupe de   la inseguridad, del hambre, del techo; en fin, de los problemas comunes que los gobernantes deben resolver. Yo le solicito lo mismo. Que, por una vez en la vida, sea valiente, que escuche al pueblo que lo eligió hace algún tiempo y que hoy le dijo, en voz alta, que rectifique.

Feliz navidad a todos, sin exclusiones. Y que el 2008 sea el año de la reconciliación, bajo el liderazgo de quienes representan el futuro.

Gustavo Yepes
gyepesp@gmail.com


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