1967. Mensaje a la Tricontinental: “Crear dos, tres… muchos Vietnam, es la consigna”, convocaba Guevara como grito de guerra contra el imperialismo. 2007. Mensaje a los líderes: realizar dos, tres… muchos referéndum..., es el anhelo-mandato del pueblo boliviano. El 2008, a qué dudarlo, será un año generoso para tomar decisiones colectivas fundamentales. No es poca cosa. Tras esas terribles semanas de incertidumbre que, desde oscuros intereses, alentaban el espantajo de la “guerra civil/senil”, el horizonte abre un cauce de solución-salida democrático. Se llama re-fe-rén-dum.
No me ocuparé aquí de los complejos/sensibles temas sobre los cuales debe pronunciarse el soberano con sus Síes o Noes informados. Quiero hablar del necesario mecanismo. Lo hago en respuesta a los plañideros gruñidos de algunos (neo)demócratas que hablan del referéndum como si fuese algo trivial, digamos una concesión graciosa. El referéndum constituye una conquista-derecho ciudadano.
¿Se acuerda de la Ley de Necesidad de la Reforma Constitucional promulgada antes de las Elecciones de 2002? Pues no contemplaba el referéndum. Tampoco estaba reconocida la Asamblea Constituyente. Fue como resultado de la movilización de los pueblos indígena-originario-campesinos y, en especial, de la “Agenda de Octubre” (2003) que el Congreso Nacional, entonces dominado por los partidos “sistémicos”, tuvo que incluir, a su pesar, estos mecanismos que permiten a la ciudadanía no sólo votar, sino decidir.
Pues bueno. El 18 de julio de 2004 nos estrenamos en democracia con un referéndum vinculante sobre la política de hidrocarburos. Cinco preguntas en las que ganó el Sí en todo el país. Luego, el 2 de julio de 2006, en paralelo a la elección de los 255 constituyentes, tuvimos el referéndum sobre las autonomías departamentales como mandato para la Asamblea. Ganó el No en todo el país pero en cuatro departamentos el Sí fue mayoritario. Más allá de las banderas-consigna la población dijo su palabra.
¿Qué nos depara el 2008? Lo menos, tres referendos de alcance nacional, todos ellos inéditos en nuestra democracia: el primero revocatorio, el segundo para dirimir y el tercero constitucional. El principio resulta irrefutable. Para decidir sobre la continuidad o no de un mandato, acerca de un tema (tierra) y respecto de la nueva Carta Magna, siempre será mejor acudir al sentido común-voluntad del pueblo que optar por la imposición, el bloqueo o, peor, la fuerza. ¿Es tan difícil entenderlo? Referéndum se llama el desafío. En plural. En democracia y con unidad nacional.
* Comunicador, politólogo y catedrático
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