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Paco Vilariño

La punta del iceberg

La punta del iceberg

lunes 24 de diciembre de 2007, 18:42h
Actualizado: 19 de febrero de 2009, 23:37h

 

La punta del iceberg

 

Paco Vilariño

 

Una sentencia de mil folios da para mucho. Incluso aunque pueda ser -que lo será- recurrida ante el Tribunal Supremo. A Batasuna, a lo que denominábamos el entorno etarra, una larga, lenta y minuciosa investigación judicial la ha puesto en su auténtico sitio. El de formar parte del núcleo de la banda. Los dirigentes condenados ayer, según lo actuado y probado en juicio, lo son no sólo de la formación, del conglomerado frentista, sino de la banda armada de la cual Batasuna se ha manifestado como la punta del iceberg.

 

Duro golpe judicial a ETA, legalmente irreprochable. Y nada que objetar, por tanto, pero aún y así, el columnista piensa en la cuestión nada baladí de la Ley de Partidos que ilegalizó -a medida, no cabe duda alguna- a Batasuna. La sentencia de ayer quizá, sólo quizá, contribuya a que el Tribunal Europeo de Estrasburgo -instancia última- convalide en todo o en parte las alegaciones del Reino de España frente al recurso de la formación ilegalizada. Pero, en este aspecto, la pelota está -lo estará por tiempo- en el alero. Y esto siempre será un motivo de inquietud política.

 

Con la política hemos dado, pues. El otro frente de la actualidad. El arma arrojadiza habitual utilizada en el rifirrafe entre el Gobierno y la oposición. La gran discrepancia entre socialistas y populares. Porque a ETA se la derrota policial y judicialmente, pero además, políticamente. Que es lo necesario para conseguir la paz en el País Vasco. Y para llegar a este punto, al de la pacificación, inevitablemente, aunque se desmelene hasta el paroxismo patriotero el entramado mediático del Partido Popular, tiene -tendrá- que haber concesiones. Eso por un lado.

 

Por el otro, queda la cuestión del nacionalismo vasco pacífico, tan obcecado en sus fijaciones mentales como el PP en las suyas. Las tesis del PNV y de sus socios de gobierno (EA y Eusker Batúa) sobre la condena de los dirigentes batasunos no se sostienen. “Son vascos -vienen a decir sobre los batasunos- y por tanto impunes”. Algo así como lo de Teddy Roosevelt acerca del primero de los Somoza, allá por los albores del siglo XX: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Y esta contradicción es algo que sólo los vascos deberían resolver. Aunque no parezca que, a fecha de hoy, estén mucho por la labor.

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