Vecinos insufribles
lunes 21 de enero de 2008, 13:46h
Actualizado: 25 de enero de 2008, 15:17h
Si hay un lugar en el que estamos completamente desprotegidos contra el incivismo, las gamberradas, el abuso y las conductas delictivas, ese es nuestra
propia comunidad de vecinos.
Conozco cientos de casos en los que un único impresentable, cuyo comportamiento del portal para afuera no sería tolerado de ninguna de las maneras, considera que de puertas para adentro, puede hacer lo que le sale de los cataplines, jorobando al resto.
Caraduras que ocupan una plaza de garaje que no es suya y contra los que no puede actuar la grúa municipal, enfermos que atesoran decenas de animales o toneladas de basura y en los que las denuncias no hacen mella, idiotas que se saltan las normas en familia y como les digas algo, encima agreden porque se creen con derecho a ello, esclavistas que meten en un piso de treinta metros a once personas y contra los
que no hay manera de actuar, y dictadores de andar por casa que se creen alguien por tirar la basura al patio o salir en dirección contraria del garaje o montar unas zapatiestas de miedo, y que terminan apoderándose literalmente del edificio, porque las otras diez, veinte o setenta familias con las que comparten los gastos de escalera, saben que no hay quien le pare los pies a un matón de escalera..
Las comunidades de vecinos son ciudades sin ley en las que los resentidos contra el mundo se sienten fuertes y en las que los peores llevan siempre las de ganar.
Tengo una amiga que se tiene que cambiar de casa porque hay un vecino que se pasa el día en el balcón arrojando huevos - como lo leen - a todo el que va a entrar al portal. Lo han denunciado hasta la saciedad, pero como es esquizofrénico, no hay nada que
hacer. Sé de un compañero que vive con permanentes goteras en el dormitorio porque la vecina de arriba se deja el grifo abierto por lo menos una vez al mes y siempre se
niega a pagar el estropicio. Conozco a infames que deben recibos cada dos por tres
y luego son los que más vociferan en las juntas.
Hagan la prueba y verán como en cualquier reunión de cinco personas, al menos dos, han tenido problemas por tener que soportar al lado a alguien que se pasa por
el arco del triunfo las más elementales normas de convivencia.
Ahora que se habla tanto de reformar la ley del menor, la del aborto o la electoral , a lo mejor no estaba de más incluir en la lista una reforma de la ley de propiedad horizontal para que se pudiera actuar de alguna manera efectiva contra quienes se empeñan en
demostrar que están incapacitados para vivir en comunidad. Al fin y al cabo, si hay un derecho fundamental, ese debería ser el de poder estar tranquilo en tu casa...