OPINIÓN/Víctor Gijón
De la Serna se enfanga en el pasado
viernes 01 de febrero de 2008, 12:36h
Actualizado: 03 de febrero de 2008, 12:26h
Iñigo de la Serna ha perdido la última ocasión para hacer tabla rasa con un pasado, el del PP en la ciudad de Santander que presenta puntos negros tan graves como haber dejado que se caiga el Cabildo de Arriba o permitir que empleados de confianza saqueasen las cuentas de una empresa pública.
A partir de ahora, el alcalde santanderino será corresponsable, por voluntad propia, de lo que suceda, tanto ante los tribunales de justicia como en el juicio político. De la Serna ha decidido enfangarse con el pasado. Él sabrá por qué o para que.
La falta de valentía política y de decencia personal llevó ayer a De la Serna a mandar en defensa de la actitud indefendible del gerente de Mercasantander a un chiquilicuatre cuyas habilidades profesionales no se corresponden con su capacidad política. El argumento para negarse a cesar al gerente de la empresa pública de comercialización de alimentos, Juan José Fernández, ex consejero del Gobierno de Cantabria con Martínez Sieso de presidente, no pasó por hacer la defensa del encausado, sino por responsabilizar del desaguisado a uno que pasaba por allí: el concejal de Mercados de entonces, un regionalista.
Quien conozca mínimamente como funcionaba el ayuntamiento de Santander en tiempos del alcalde Piñeiro, que fue cuando se produjo el desfalco de un millón de euros, sabe que nada se hacía a sus espaldas. Piñeiro fue, en su condición de presidente del Consejo de Mercasantander, quien decidió sacar del órgano de control a los socialistas --ahora De la Serna se empeña en señalar que el PSOE sí estaba, porque uno de sus actuales concejales fue consejero por nombramiento de MERCASA (mentirosillo que nos ha salido este alcalde)-- -
Fue Piñeiro quien autorizó que Fernández se fuera a la política y dejara a una amiga suya, entonces de confianza y hoy repudiada, al frente de la empresa y pese a ser solamente una administrativa. Y fue Piñeiro quien hizo la vista gorda cuando se dejaron de ingresar 240.000 euros de Mercasantander en las arcas municipales o al firmarse poderes a la empleada infiel o al autorizarla para obtener créditos millonarios. Aducir que ni Piñeiro ni Fernández se enteraron de la trama es tomar por tontos a quienes, evidentemente, no tienen ni un pelo de idem.
Responsabilizar al edil de Mercados en 2002, Antonio Pérez, es la prueba del nueve de la miserable forma de entender la política que tiene el PP de Cantabria y que, según algunos analistas, era lo que venía a cambiar De la Serna. Pues ni cambio ni decencia y sí más de lo mismo.