El principal problema es que nadie sabe dónde está el final al túnel en el que se encuentra metido el sector financiero internacional, ni tampoco las sorpresas que seguro que todavía deparará el futuro más cercano.
Los inversores tienen la misma sensación y eso se nota en la Bolsa, que está casi parada. Sólo así se explica que el parqué madrileño negociase en febrero ‘sólo’ 105.199 millones de euros, lo que supone un descenso del 11,6% respecto al mismo mes de 2007. Y esto a pesar de que el número absoluto de negociaciones alcanzó los 3,16 millones en el pasado mes, un 10,5% más.
Pero, ¿qué es lo que atenaza a los inversores? Pues principalmente la duración de estas turbulencias. Desde que comenzaron, los organismos internacionales advirtieron de que su gravedad dependería del tiempo que durase. Hasta el momento podría decirse que estas turbulencias ya han durado bastante, pero lo peor es que el sistema financiero no da síntomas de haberlo superado, ni de estar cerca de conseguirlo.
Así que la incertidumbre es máxima, y ante esta situación pasa lo de siempre en los parqués de las bolsas mundiales. Primero viene el pánico, lo que lleva a la venta masiva de títulos y el consiguiente descenso de los índices; y luego llega la incertidumbre, que lleva a la paralización del volumen de negocio.
El siguiente movimiento dependerá de cuál es la conclusión a la que lleguen los inversores, si ven que el final puede estar cerca o si consideran que lo peor está todavía que llegar.