¿QUÉ SUCEDERÁ LA NOCHE DEL DOMINGO AL LUNES?
Hoy por la tarde se celebrarán los grandes mitines de cierre de campaña, previos a la jornada de reflexión y a la cita con las urnas de pasado mañana. Ayer fue día de incansables rumores en circulación. Alguno de ellos, tan sorprendente como el difundido por algunos dirigentes regionales de tercera fila del PP, según los cuales, hoy ETA anunciaría un “alto el fuego” incondicional, mientras al otro lado se acentuaba la alerta preventiva ante la eventualidad de un atentado por parte de la organización terrorista. En terreno más político, y mientras periodistas, sociólogos y analistas coincidían en dar por descontado el triunfo del PSOE, con distancia igual o inferior a la de 2004, el PP centraba sus expectativas en la posibilidad, asumida por tirios y troyanos, de que una victoria muy corta del PSOE, dos puntos o menos de ventaja en votos, pudiera traducirse, por las aplicaciones de restos, en algunos muy pocos escaños de ventaja del PP.
LA VICTORIA SE CONTABILIZA EN ESCAÑOS
El modelo parlamentario que establece la Constitución es inequívoco, en el sentido de que gana las elecciones quien tenga más escaños y de que el Rey viene obligado a llamar para formar gobierno a quien tenga más escaños, haya tenido o no ventaja en votos. Cosa distinta, por la misma lógica parlamentaria, es que el ganador en escaños pueda o no formar una mayoría suficiente para obtener la investidura y gobernar. Y también por la misma lógica parlamentaria sería igualmente legítimo un gobierno formado por una suma de minorías, incluso si excluye al partido con más escaños. En resumen, es legítimo cualquier gobierno, con independencia de su composición, que obtenga el refrendo del Congreso de los Diputados. Así son las reglas del juego. Y pueden proporcionar emociones adicionales la noche del recuento, porque, a un lado los porcentajes de votos, que se esperan favorables al PSOE, es obvio que, en el mismo momento en que se confirmarse sólo un escaño de ventaja del PP, Mariano Rajoy se proclamaría vencedor y anunciaría su puesta a disposición del Rey para recibir el encargo de aglutinar una mayoría y formar gobierno.
¿GRAN COALICIÓN O UNIÓN DE IZQUIERDAS?
El golpe de efecto adicional, nada improbable, sería quizá un llamamiento al PSOE para una “gran coalición” con las grandes cuestiones nacionales como elementos de cohesión trasversal. No son pocos los desafíos: a) la modernización de la economía para afrontar la crisis y situarse en buena posición para la siguiente fase positiva, b) sacar la educación de la lucha ideológica y de penosos modelos de adoctrinamiento, para orientarla a la excelencia, c) la seguridad que frene la visible deriva hacia el modelo “Chicago, años treinta”, d) la armonización territorial, con el “plato fuerte” de cómo afrontar civilizadamente la consulta soberanista de Iberretxe, convocada para inmediatamente después del verano, y e) la integración social y cultural de la inmigración, como primeros platos, con otros no menos importantes en el horno. Pero tampoco sería improbable una inmediata respuesta de “las izquierdas”, es decir, la expresa unión en “programa común” de PSOE e IU, y con la obvia adhesión de ERC y BNG, cuya suma de escaños generaría automáticamente la victoria electoral. Naturalmente, todo se suaviza, o “desdramatiza” como se decía en los años de la transición, por la propia mecánica del procedimiento: proclamación de resultados, constitución de las Cámaras, llamada a Palacio. Nada es de repente. Afortunadamente. (Seguirá).