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El próximo paso

El próximo paso

miércoles 09 de abril de 2008, 16:51h

A estas alturas parece prudente preguntarse cuál es el próximo paso del Gobierno, particularmente porque en los últimos días se han visto claras muestras de un peligroso debilitamiento en gran parte de las esferas del poder. Gobernar se le está haciendo muy difícil a Evo Morales.

En principio, todo indica que el MAS ha agotado sus naturales posibilidades de acumulación de poder. El vigoroso impulso que hizo de Evo Morales el candidato más votado en todo lo que va de la historia democrática del país ha reducido considerablemente su capacidad de articular las fuerzas de la nación, posiblemente porque una visión excluyente y racista en el ejercicio del poder y la administración del Estado terminaron por aislarlo de forma tan drástica, que hoy nadie se atrevería a decir que representa a más de tres departamentos; justo los que se encuentran rezagados frente al avance de la modernidad.

Perder seis de los nueve departamentos, tanto en términos físicos como políticos, es un desastre consumado. Nadie gobierna en el vacío. El Gobierno mantiene una débil tuición sobre el país como consecuencia del rechazo al despliegue de mecanismos de clara tendencia totalitaria, a lo que debe sumarse el efecto adverso producto de una sobredosis de embustes, avasallamientos y transgresiones del modus democrático en que se desenvuelve la sociedad civil.

Si a la pérdida de soberanía política sobre el territorio y la sociedad se añade el repliegue de la clase media decepcionada ante las tendencias antidemocráticas del régimen, el fraccionamiento y progresiva radicalización de sectores del campesinado, y una clara fractura dentro de las filas del MAS y del mismo Poder Ejecutivo, se vislumbra un cuadro que con relativa facilidad podría terminar en un desastre. Ciertamente el panorama se agrava por la creciente inflación y la clara percepción popular de la incapacidad gubernamental para controlar el proceso económico con un mínimo de eficiencia: mucha política y poca economía; ése es el lapidario juicio del ciudadano de a pie.

En el epicentro de este meollo el poder de las regiones ha puesto en jaque al Gobierno. Una posición regional que cubre más de dos tercios del territorio, seis departamentos (o más), casi el 70% del PIB nacional y cerca del 65% de la población, enfrenta de forma decidida las apelaciones míticas y las imágenes fundamentalistas instaladas en el Palacio Quemado. Por todos los flancos el Gobierno del MAS es presa de sus errores y un síndrome de miopía crónica lo llevó donde ahora está: en el límite de sus posibilidades.

Frente a este panorama, ¿cuál será el próximo paso? Una rápida mirada a la historia nos enseña que en situaciones similares sólo se utilizaron dos vías posibles: retroceder y enmendar los errores bajo el espectro de un gran acuerdo nacional, o echar mano de la fuerza represiva del Estado. Con el MAS al frente esta última opción parece más plausible, aún y a pesar de que la historia de nuestro país nos dice que la fuerza despótica de las dictaduras tiene en Bolivia patas muy cortas.

* Sociólogo y catedrático

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