Bueno, pasado mañana será un día de trámite: ZetaPé será proclamado por segunda vez presidente del Gobierno. Y, en el PSOE, pues eso, paz, gloria y reparto de cargos. Sea, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y abrileños niños y niñas que me leéis, que todo sigue bajo el control estricto de quienes llevamos siglos manteniendo la sartén por el mango. Cuando el personal de servicio (léase los políticos) lo hacen a nuestro gusto, pues ¿para qué cambiarlos, no? Si la ecuatoriana de turno (por poner un símil relacionado con las clases medias) te plancha bien las camisas no resulta prudente sustituirla por otra. Así sucede con España. Con España y con la idea de España que tengo yo, claro.
Ayer ZetaPé habló de la crisis (él la llamó recesión temporal) y del empeño que va poner en resolverla. Y no sólo lo de la economía, sino cualquier otro problema que se presente. Parece que su mensaje llegó incluso a quienes no son sus votantes ni por el forro del gabán. A los diez minutos de soltar eso en el Congreso, tía Ágata y tío Manolo me telefoneaban, desde su caseta del Real de la Feria de Sevilla, para contarme sus cuitas y, de paso, exigir urgentes soluciones al Gobierno en funciones.
“En abril, aguas mil”, reza el refranero, para disgusto de miles de sevillanos que ven como han pasado, por obra y gracia de la borrasca, desde la sequía pertinaz que ocasiona el anticiclón de las Azores a las lluvias monzónicas que trae la borrasca atlántica de componente NNW. Y todo ello en plena Feria de Abril. Ya van dos corridas suspendidas y unas cuantas casetas inundadas. Hasta el punto que, según me comenta mi gran amigo sevillí, Alberto Flores de Santis, los trajes de sevillana, los de faralaes (volantes, Jáuregui, toma nota) se han visto sustituidos por impermeables y gabardinas de corte clásico (como que a Vittorio y Lucchino no les ha dado tiempo de diseñar no sé, un impermeable de corte asimétrico, con topos, lunares y algún que otro volantito) y botas de agua más propias de un paseo por la campiña inglesa que del albero con el que se recubren las calles del Real de la Feria.
¿Quién dijo que “la lluvia en Sevilla es una pura maravilla”? Sin duda alguien lego en meteorología y en el disfrute de la Feria de Abril. Un desastre, eso es lo que es la lluvia. Y un montón de damnificados, además. O sea, que habría que declarar el Real de la Feria de Sevilla como zona catastrófica.
Pues ZetaPé ya puede ir poniéndose las pilas. ¿No había anunciado ayer, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, que iba a sacar en seguida la Ley Integral de Igualdad de Trato? Pues ya puede ir mentalizándose en que los ricos merecemos las mismas ayudas que los pobres y demás ciudadanos/as discapacitados/as y dependientes. La hermana mayor de mamá se ha gastado sus buenos dineros en montar su caseta, no sólo decorativamente, sino contratando personal eventual ad hoc, cuyos salarios, así caigan chuzos de punta, se verá obligada abonar. Eso sí, que la contratación se haya hecho mediante una sociedad familiar y que el fiasco de la feria de Abril 2008 se pueda cargar al capítulo de pérdidas, amén de la bonificación fiscal recibida por fomento de empleo, no impide que tía Ágata y tío Manolo tengan derecho a recibir las oportunas ayudas estatales y autonómicas a fondo perdido. Es de justicia y, sobre todo, de igualad de trato. Porque si se ayuda a chabolistas (bueno, a usuarios de vivienda provisional en precario, como diría la todavía ministra del ramo Carme Chacón de Barroso) también hay que ayudar a aquellos quienes, en la Feria de Abril, tienen a bien instalar en el Real una prolongación de sus salones familiares, al objeto de poder recibir en ella a sus numerosas amistades. Al fin y al cabo, estamos en un país próspero y decente como dice ZetaPé.