miércoles 23 de abril de 2008, 18:09h
Actualizado: 25 de abril de 2008, 06:25h
Pues nada, que la señora condesa de Murillo (née, Esperanza Aguirre y Gil de Biedma) está que se sale. Muy a su inconfundible estilo la reconviene Manuel Fraga Iribarne, el presidente-fundador del PP, y ella, dándose por aludida, dice que no le gustan las mordazas. Que así es la lideresa del PPdM, con esperanza de serlo, a medio plazo, del PPdE.
Para gozo de quienes no comulgan con los idearios de los conservadores del Partido Popular, prosigue este híbrido de culebrones televisivos de producción española: “La Señora” y “Amar en tiempos revueltos”. Que los actuales líos del PP participan de las peripecias argumentales de ambas series.
Mariano Rajoy anda peripatético y trashumante por la geografía española –“Si hoy es miércoles, toca Castilla-León”— intentando blindar su candidatura del congreso de junio, aunque sea a base de rememorar con todos los barones regionales, uno a uno, el legendario juramento de Santa Gadea. Al de Pontevedra, dicho sea en su honor –o en su descargo—no le quedaba otro camino ante la revolución de terciopelo y lentejuelas de E. Aguirre.
Por su parte, la no declarada oficialmente aspirante, marea la perdiz informativa. Bien en rueda de prensa, bien en el facilón plató de TVE, con su frustrante –la dama no dijo nada—presencia en 59 segundos. Sus palmeros mediáticos, de viva o voz y por escrito, la jalean cosa mala. Doña Esperanza es la reina del baile. Todo el mundo habla de ella. Columnistas y opinadores, a favor o en contra, le damos al teclado para glosar sus andanzas. Nadie, ni hasta los más reacios a ello, hemos podido –como en el caso del columnista— sustraernos al tener que escribir sobre ella.
Esperanza Aguirre, la ambición rubia de peluquería, por la cuenta que le trae, se ha propuesto ser el tema del día durante las próximas semanas. Y ahí está, en el candelero de las portadas, desplazando el culebrón transatlántico que protagonizan Hillary Clinton y Barack Obama. Más chula que un ocho. Eso sí.