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Hágase la luz en el PP

domingo 27 de abril de 2008, 17:58h
Actualizado: 05 de mayo de 2008, 08:49h
Son las bases las que reclaman unas primarias y la democracia interna de un partido se cuece en las sedes donde se guardan los cubos y las fregonas para pegar carteles. Estamos tan acostumbrados a grandes movimientos de tropas realizados desde Génova que hemos olvidado sobre quienes recae la soberanía popular. Y tapar la boca de los militantes llevaría a una derrota moral antes de que se abran las puertas del congreso de junio. Rajoy verá si le compensa hacer de Maria Antonieta y convertir la séptima planta de la sede nacional del PP en un Versalles castizo, y despreciar las voces de los que piden pan, (para ofrecerles “brioches”, tal y como se le ocurrió a la última reina de Francia en un ataque de falta de sensibilidad). Aquellos que un día acudieron a pedir pan de buenas maneras luego regresaron con antorchas para asaltar el palacio.

La idea que parte de la agrupación del PP del barrio de Salamanca ya ha trascendido los límites capitalinos; a estas alturas cuentan con adhesiones de compromisarios y militantes de otros puntos de España. Madrid 1808-Madrid 2008, doscientos años después del 2 de mayo hay gente que no tiene intención de aceptar a José Botella como rey por mucho que lo nombrara el dedo de su hermano el emperador Bonaparte. El presidente del PP del barrio de Salamanca, Iñigo Henriquez, se ha convertido en un Juan Martín “El Empecinado”. No descartemos la importancia que tiene el movimiento de guerrillas en una formación política y la insolencia que pueden desplazar en función de sus escasos compromisos con el generalato. Son los militantes los que pueden decir que Rajoy está desnudo porque ellos no se mueven con las pesadas capas de armiño de algunos barones. Lo dicen tal cuál lo piensan y no hay nada más peligroso que la verdad dicha a la cara. La militancia de base es la que se ha dado cuenta de que la falta de democracia interna lleva a la arterosclerosis del PP, y de ahí al infarto seguro.

Naturalmente nadie que tenga una responsabilidad de cabo para arriba en el PP aceptará las primarias como una aportación para renovar ideas. Una cosa es tolerar un margen de disidencia y otra dejar las puertas abiertas, (no vaya a ser que entre la verdad y lo trastoque todo). También a Al Capone le molestaba que el güisqui fuera legal porque se quedaba sin el chollo del monopolio del alcohol. Prueba del miedo que tienen a la iniciativa es que a Iñigo Henriquez le han acusado de ser un satélite de Esperanza Aguirre, a tal punto llega el dogmatismo y a tal extremo el miedo a Aguirre. Antes estas cosas se solucionaban mandando a la disidencia a Siberia, lugar donde no descarto que acaben algunos de los osados que han pugnado contra el poder central de Mariano Rajoy. Camus no participó en la Guerra de la Independencia porque un siglo, (y algo más), le separaba de Napoleón, pero fue un escritor que practicó la guerrilla intelectual. Al final de sus días escribió: “soy un hombre exhausto y desilusionado. Es imposible vivir sin sentido”.

Las bases quieren recuperar la ilusión y pensar que cuentan también en las cocinas del proceso democrático en calidad de ingredientes fundamentales. Ellos, (la guerrilla), piden unas primarias y ellos son el partido. Unas primarias aunque tengan que venir los cascos azules de la ONU a vigilar el proceso.

correo@rafaelmartinezsimancas.com
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