martes 29 de abril de 2008, 20:00h
Actualizado: 12 de mayo de 2008, 18:25h
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.
No hay jornada sin conmemoración. Y la de hoy, 29 de abril, es la del Día Internacional de la Danza. Es lo que tocaba, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y balleteados niños y niñas que me leéis. Hoy toca baile. Desde el ballet, con sus pas à deux, hasta el frenesí de la danza contemporánea. El abanico de posibilidades es, por supuesto, grandísimo. Aunque en él, estrictamente no quepan los bailes regionales como la jota, la sardana, la muiñeira, el aurresku o el zortziko vascongados, ni las sevillanas ni los fandangos de Huelva. Eso por referirnos sólo a nuestra amada Patria, Una y Diversa, Singular y Plural, que se caracteriza por la variedad de sus costumbres folklóricas.
Fuera de esta jornada quedan, por tanto, el danzón cubano, el tango argentino, la danza de los siete velos y hasta todos los llamados bailes de salón, valses vieneses incluidos. Son otra cosa. Como el baile de San Vito, que no se sabe muy bien lo que es, aunque augura muchísimo movimiento espasmódico por parte del bailarín. Entremos pues, pequeñines/as míos/as, en la realidad danzante española. En concreto en las evoluciones que sobre el escenario de la actualidad (¡esta es una metáfora que no me la mejora ni un puñetero tertuliano de 59-segundos-y-90-minutos!) realizan unos/as y otros/as. Pista que va el artista. Lo que yo os diga.
Empecemos por el PePé. Como colectivo, los del Partido Popular de las Españas, es que parece que estén bailando todos “La danza del sable” (música de Rimsky-Korsacoff). Aquellos cosacos de la estepa rusa, haciendo filigranas de acero (otra metáfora de las buenas, Jáuregui, a ver si aprendes), son casi unos discapacitados funcionales (seamos correctos, para referirnos a tullidos y paralíticos) al lado de la agitación que siente la masa dirigente del PP. Lo malo es que, entre agitación y agitación de sable, parece que se tiran cada estocada que ni D’Artangan. Menos mal que, en el panorama danzante pepero, Eduardo Zaplana, es como uno de los cisnes del lago de los ídems, que ha salido volando hacia espacios más propicios para su economía (privada, por supuesto).
Dejo fuera del ballet pepero a Marianito Rajoy Brey y a su oponente, la señora condesa de Murillo. Eso no es danza clásica, ni siquiera contemporánea. Ambos se han enredado en el baile canalla de arrabal porteño. Un tango desgarrado –y desgarrante--, trufado de bofetadas, conato de apuñalamiento (el facón gaucho del uno, frente a la navaja cabritera de la otra) y pisotones mutuos. Vamos, que ni siquiera Maurice Béjart, el extinto coreógrafo francés, muy amigo de las moderneces enraizadas en bailes populares, hubiera sacado nada de semejante bailongo.
Otros danzantes ilustres los encontramos en el bloque sociata. Toda la troupe gubernamental, el cuerpo de baile, por decirlo en fino, ante la situación que vive la oposición, elige la música de Sarasate, el gran compositor y violinista navarro del siglo XIX, y está danzando su “Zapateado”. Pero hay más bailes. Las ministras, salvo Carme Chacón, por su avanzado estado de gravidez, en sesiones de mañana, tarde y noche, ondulan brazos y piernas, balancean caderas, a los acordes de “Las danzas polovsianas del príncipe Igor”. Lo cual, sin duda alguna, complace de lo más a ZetaPé. Y todo porque, tras el 9M, ha pasado de contar con los Coros y Danzas del PSOE, a crear un auténtico ballet de cámara. El salto cualitativo, amadísimos/as de mi paterno corazón, es de lo más notable. Y, gracias a la paridad, cualquier día de estos, como si fuese Merce Cunningham, discípulo y heredero de Martha Graham, nos saca una nueva versión (modern jazz dance, por supuesto) del ballet “Giselle” con Pedro Zerolo luciendo tutú y zapatillas con cintas.
Lo dicho. Sigue la danza, y no sólo hoy. Lo de las academias de sevillanas ya es historia. Ahora lo que se lleva es el bailar en la cuerda floja. Que se lo pregunten a Rajoy… o a Manuel Pizarro, ue iba para estrella (estrellada, claro) del PePé.