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Las reclamaciones de Montilla e Ibarretxe

   Transcurridas la campaña electoral, las elecciones y los primeros pasos del nuevo Gobierno, las autonomías catalana y vasca quieren recuperar el protagonismo reivindicativo que siempre tuvieron, sin mayor dilación o pérdida de tiempo. Y en este sentido, los dos principales dirigentes de los gobiernos de las dos Comunidades Autónomas -las más singulares, las auténticas nacionalidades o naciones del Estado español, y hasta las únicas que debieron llegar a tener gobierno autónomo propio y relación especial con el Estado español, según vienen proclamando sus dirigentes nacionalistas más 'preclaros' e históricos- , han vuelto a 'reclamar lo suyo' del Estado central.

   Montilla, don José, andaluz de origen, y procedente de un anterior Gobierno de Zapatero, se ve en la necesidad de ponerse a la cabeza de los reclamantes y exige como el que más: "Cataluña ya no puede esperar más. Nos la jugados todos. Hace años que el sistema no es justo para quien más aporta. Es inaceptable que esta situación perpetúe una injusticia lacerante en la financiación que Cataluña necesita", proclama justiciero, en un tono que no mejoraría el Pujol más reivindicativo y altanero. E insiste en la ya vieja advertencia que echaron a rodar los nacionalistas cuando las complicaciones de servicios mínimos de la electricidad o de los transportes de metro y AVE en Barcelona: la amenaza del riesgo de desafección de los catalanes. Todo eso se resume en una reclamación poderosa: una financiación más justa en una España federal. No sólo autonómica, sino federal, o federalista, como la que siempre reclamó Maragall, y acaso está en el fondo del Estatut ahora en revisión en el Constitucional. Montilla insiste en que "la situación será clamorosamente injusta si no se inicia la negociación de inmediato, y ve inaceptables las sugerencias que en os últimos días han hecho Felipe González y Manuel Chaves de que la negociación de la financiación autonómica podría posponerse a una situación económica más favorable. No acepta dilaciones de ninguna clase, y mantiene su deseo de que la negociación se produzca "entre Cataluña y España", y no en un foro de las 17 autonomías con el Estado...

   Eso por lo que se refiere a Cataluña. Las voces que llegan desde Euskadi no son más moderadas ni menos reivindicativas. Ibarretxe, que también hacía una temporada parecía estar relajado y silencioso, reclama que se cree un órgano institucional común para el País Vasco y Navarra con atribuciones ejecutivas y legislativas, idéntico al que, según se relató en su día, los enviados de Zapatero llegaron a plantear a la banda ETA incluso tras el atentado de la terminal de Barajas, y para salvar en el último momento unas negociaciones que ya parecían destinadas a un fracaso seguro por falta de aceptación de la banda. La interpretación que se hace de la reclamación de estos planteamientos del lehendakari es sencilla, y al mismo tiempo inaceptable: Propone que se abra la puerta a la independencia y se legitime su anunciada consulta de octubre sobre lo que quieren los vascos... Zapatero volverá a decir que no a los planteamientos que el próximo día 20 le transmitirá Ibarretxe, que no es sino "más de lo mismo" y reiteración de sus planteamientos soberanistas del plan que lleva su nombre y que fue rechazado en el Congreso en la anterior legislatura. Ya lo anunció la vicepresidenta De la Vega: "Si lo que pretende el lehendakari es volver a sacar del cajón su plan, el presidente volverá a decir lo que ya le dijo con rotundidad: que no".

Montilla e Ibarretxe vuelven a reclamar, como en los mejores tiempos, y con muy viejos y caducos argumentos.

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