Carlos Reyna
lunes 26 de mayo de 2008, 08:59h
Ha sido notable el momento de euforia que ha vivido el Dr. García, en las alturas de la reciente Cumbre. Comenzó entonando un panegírico a la papa, terminó bailando con Lula. Al medio se dio el lujo de sermonear a jefes de gobierno de 60 países. Y de pura felicidad dio a luz un ministerio.
Explicable tanta dicha. Por un instante fue el presidente virtual de casi dos continentes enteros. Tuvo al Perú tan ordenado como una avenida sin autos ni peatones y puso de feriado al Parlamento y los sindicatos. Ni la Inglaterra de la reina Victoria en sus mejores años.
El problema va a ser ahora la bajada. Nada hay más triste, dicen en Río de Janeiro, que el día siguiente del carnaval. Volver a la realidad puede resultar más frustrante cuanto más alta la cúspide que se deja. Imagínense, volver de los caros halagos de Rodríguez Zapatero a la modesta obediencia del premier Del Castillo o del Dr. Gonzales Posada.
El presidente García podría administrar de dos maneras su descenso al Perú real de la post Cumbre. Una podría ser constructiva. La otra, podría causar estropicios para su gobierno y por tanto para el país mismo.
La primera consiste en mantener de alguna manera el espíritu más público de la Cumbre. Podría aprovechar la oportunidad para tomar una mayor presencia internacional. Trasladar esos discursos ambientalistas y antipobreza del Museo de la Nación a los foros globales. Unirse al esfuerzo de Lula por bajar la polarización en AL. Tomar equidistancia respecto de Uribe y Chávez y alguna distancia respecto de Bush, ahora, o McCain después.
Una opción de este tipo beneficiaría al propio Dr. García pues lo mantendría en las alturas de la política internacional e iría ocupando una posición consensual en AL. También aportaría al Perú, pues tendría que acompañar ese talante dialogante internacional con un nuevo y similar estilo concertador en el país. Tendría que descartar el ánimo polarizante que ha tenido aquí hasta ahora.
La segunda opción consiste en seguir siendo, pero con más ínfulas, el presidente hipnotizado por las tasas de inversión y crecimiento, como referentes casi únicos para su política interna y externa. Represivo con los movimientos sociales, agraviante con el Congreso, estancado en la reforma del Estado, intolerante con las ONG, y presto para clientelizar a la prensa y a los pobres para detener su caída en las encuestas.
Esos antecedentes, más su alumbramiento del ministerio del medio ambiente, limado de todo filo fiscalizador, pasando por encima de atribuciones expresas del Congreso, sugieren que el Dr. García baja de la cumbre con el peso inclinado hacia la segunda opción. Si Ud. dirige un sindicato, una ONG o una comunidad en zona minera, tome sus precauciones. Finalizada la cumbre tendremos un presidencialismo sobrealimentado e impaciente. Guarda abajo.