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¿Casinos?

lunes 26 de mayo de 2008, 15:37h
Actualizado: 28 de febrero de 2022, 12:23h
El orden de prioridades en Venezuela no puede estar marcado precisamente por antros traducidos en corrupción, prostitución, drogas, tráfico de dinero, y hasta más crímenes. Algunos tutores de estos centros tienen la osadía de defender su proliferación evocando el desarrollo del turismo tal como ocurre en Atlantic City, Las Vegas y similares. Sin duda es un agravio a la inteligencia colectiva

La capacidad de protesta vecinal se ha ido desvaneciendo secuela de la acumulación de lo que los vecinos definen como "necesidades esenciales". Esta ocurrencia ha llevado a la gente a desestimar los axiomáticos desaciertos urbanos dentro de sus barrios y urbanizaciones. La prioridad se concentra en atender los evidentes conflictos existenciales: el resguardo de la vida personal y de sus allegados. Hay una sensible merma de la participación ciudadana en asuntos que considera lejanos a su interés personal inmediato. El ciudadano no se da cuenta que la quiebra del orden urbano conlleva a corto plazo a un desgaste, en todos los aspectos, de la calidad de vida.


El caso de la proliferación de casinos en algunas zonas del país así lo evidencia. El argumento de los defensores de estos antros del vicio es que su propagación masiva y desordenada requiere de un instrumento legal que los refrende. La elucidación es tan pueril que podría aplicarse ante cualquier arbitrariedad. Además conlleva una confesión de debilidad del Estado pues el mismo razonamiento puede esgrimirse para legitimar las drogas, prostíbulos, uso de armas de fuego, etcétera


Un caso particular se ventila entre los habitantes de las urbanizaciones Montecristo, Los Castaños, Los Chorros, en el Municipio Sucre. En la avenida Arístides Calvani cruce con la avenida El Centro, pretende instalarse un casino a todo dar. En el lindero oeste de este inmueble, pared con pared, funciona el colegio Nuestra Señora de Fátima. Pero hay más: si se trazara un círculo, con radio menor a 1000 metros, haciendo centro en el pretendido casino, pueden enumerarse veinticuatro institutos educativos de todos los niveles; sin contar los centros religiosos y de rehabilitación.


¿Cómo es que en una zona eminentemente residencial puede aprobarse el uso de casino? El terreno en cuestión, de algo más de 2.000 metros cuadrados, le corresponde de acuerdo a La Gaceta de Zonificación vigente del Municipio Sucre así como el plano que lo acompaña, el uso R-2: "vivienda unifamiliar aislada y vivienda bifamiliar aislada". ¿Quién o quiénes promueven la anarquía estimulando la propagación del juego? ¿Quiénes son los beneficiarios? El orden de prioridades en Venezuela no puede estar marcado precisamente por antros traducidos en corrupción, prostitución, drogas, tráfico de dinero, y hasta más crímenes. Algunos tutores de estos centros tienen la osadía de defender su proliferación evocando el desarrollo del turismo tal como ocurre en Atlantic City, Las Vegas y similares. Sin duda es un agravio a la inteligencia colectiva.


El insólito desprendimiento de los burócratas "revolucionarios" de sus responsabilidades como autoridad, conlleva un mensaje lapidario: "adquieran una nueva cultura de trabajo que seguramente transmitirán a hijos y nietos: ¡el juego!". En Margarita, por ejemplo, deben explicarle a los jóvenes cómo es que los casinos en la isla son más importantes que la construcción de un puerto pesquero y sus industrias conexas. Y en Puerto La Cruz más importante que un plan de vivienda para los sectores más pobres. Pareciera que antes los conflictos estridentes se intenta distraer la conciencia pública.


Miguel Bahachille
miguelbm@telcel.net.ve

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