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La simpatía política

La simpatía política

lunes 02 de junio de 2008, 18:39h
Actualizado: 04 de junio de 2008, 07:40h
Simpatía personal puede sentirse por cualquiera, inclusive por un adversario. Se trata del sentimiento individual y afectuoso de una persona respecto a otra que no necesita basarse en razones. Pero la simpatía política es otra cosa. Supone una comunidad de sentimientos colectivos o una participación en ideas comunes. Por ello no es lógico simpatizar con quien mantiene principios contradictorios con los propios.

    Por ello, no es posible que un colectivo que se siente integrado en la comunidad nacional y constitucional española pueda simpatizar con otro colectivo cuyo objetivo sea desintegrar y destruir dicha comunidad nacional constitucional. Puede, evidentemente, coincidirse temporalmente en realidades concretas y medidas que puedan desarrollarse ocasionalmente al margen de los objetivos históricos de unas u otras tendencias políticas, con carácter de acuerdos tácticos, pero no con sentimientos generales de simpatía. 

    Por ejemplo, un partido nacionalista cuyo objetivo inmediato es proponer un referéndum separatista y anticonstitucional no debe ser tratado con ninguna simpatía por parte de otro partido uno de cuyos principios esenciales es la unidad de España y solo se puede simpatizar individualmente con alguno de sus integrantes en cuanto este haya manifestado discrepar explícitamente de tal propósito.

    En el caso del partido consentidor de la orientación política del presidente de la autonomía vasca no es posible mantener relaciones de simpatía mientras no se manifieste disconformidad con dicha personalidad destructiva. El Sr. Ibarretxe ha traicionado la delegación de poderes que desempeña en cuanto representante del Estado Español en el País Vasco y no, exclusivamente, en cuanto elegido por uno de los partidos políticos existentes en aquel territorio.
    
    El Sr. Ibarretxe tiene una mente lo suficientemente obtusa como para reclamar que se negocie bilateralmente con él lo que lamentablemente supone que se negoció con una banda terrorista. Pero el Sr. Ibarretxe olvida que fuesen cuales fuesen los términos de dicha negociación esta fracasó y terminó en ruptura. Por tanto lo que está pidiendo es negociar un previsible fracaso y ruptura que es como decir negociar para perder el tiempo. Y lo que, también., olvida el Sr. Ibarretxe es que aquel ensayo lamentable de negociación con los terroristas podía razonarse desde un punto de vista humanitario para conseguir cerrar un proceso de delincuencia sanguinaria mediante el intento de reinserción de unos criminales, lo que no es su caso. Negociar con él sobre la soberanía nacional y la integridad de España solo sería una traición a la comunidad constitucional que todos los españoles sin justificación alguna. Por eso, ni él ni quienes le apoyan, mientras lo apoyen, merecen ningún tipo de simpatía. Los tiempos no han cambiado para tanto.
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