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Mariano el pragmático

Por oposición al idealismo -que todo lo supedita al compromiso irrenunciable con los principios- el pragmatismo tiene como lema: buena salud y mala memoria. Es el bagaje imprescindible con el que se echan al camino los políticos que más que a cambiar el mundo a lo que aspiran es a conseguir el poder. Un buen ejemplo de este modo de entender la política lo acaba de dar Mariano Rajoy, líder reelecto del Partido Popular. Sí en la pasada legislatura escogió el papel de cruzado de la causa "españolista" -la Nación: una y con mayúscula-, ahora sale del Jordán del Congreso de Valencia sin conexión con el disco duro que guarda la memoria  y los principios del PP.

Por eso dice que hay que pactar con el PNV y CiU sí la ocasión lo permite y las circunstancias lo aconsejan. Lo dijo un día  y lo llevó a término al siguiente aliándose con Sánchez Llibre para obligar a Zapatero a debatir en el Congreso sobre la crisis económica. Con el nuevo lema de Rajoy, el PP ha dejado de ser insoluble a efectos de pacto; ahora vuelve a mezclarse con los nacionalistas y éstos aceptan su cercanía. A efectos políticos, tengo para mí que es la gran y sugerente novedad de cara a esta legislatura en la que el PSOE no tiene mayoría absoluta. Es, ya digo, el triunfo del pragmatismo al que empuja la buena salud y ayuda la mala memoria. De ése barro, por cierto, estuvo casi seimpre hecha la política de Occidente. Tanto la que retrasó guerras como la que no pudo impedir revoluciones.
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