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La suspensión de pagos de Martinsa-Fadesa

Inmobiliarias: cuando las barbas de tu vecino veas pelar...

Inmobiliarias: cuando las barbas de tu vecino veas pelar...

miércoles 16 de julio de 2008, 10:12h
Actualizado: 16 de julio de 2008, 14:14h

La suspensión de pagos de Martinsa-Fadesa no es la primera de esta crisis del sector ni va a ser la última. Las otras grandes empresas, Colonial y Metrovacesa,  también atraviesan por momentos difíciles y Urbis-Reyal ha dejado de pagar a los proveedores.En concreto, la deuda de Colonial supera los 8.793 millones de euros y la de Metrovacesa, 7.080 millones a cierre contable correspondiente al primer trimestre.

  ¿Hay “inmobiliarias buenas” e “inmobiliarias malas” en este país?  Tras los escándalos surgidos en localidades como Marbella y Estepona,  y sus repercusiones mediáticas, los promotores inmobiliarios están en el punto de mira de todos: bancos, fiscales y medios de comunicación. Pero, por ahora, las grandes corporaciones del sector de la construcción residencial se habían salvado. A Renta Corporación, Metrovacesa, Colonial y Martinsa-Fadesa se las supone que están por encima de esas “minucias”. Que no necesitan pelotazos a través de recalificaciones de suelo más o menos dudosas. El problema que tienen es que apenas trabajan con liquidez.

 

   Para iniciar una promoción inmobiliaria no se necesitan más recursos económicos que los necesarios para comprar el suelo y pagar los honorarios de los directores técnicos del proyecto, normalmente en la nómina de las grandes empresas. En el momento que hay suelo, éste se puede hipotecar y, así, iniciar la construcción. Posteriormente, el comprador se subrogará esa hipoteca. Así de sencillo consiste el negocio del ladrillo que tan buenos resultados ha dado a unos pocos en los quince últimos años.


Burbuja inmobiliaria

 

   El problema reside cuando el negocio inmobiliario comienza a agrandarse. Surgen los bancos, la financiación y los problemas. Porque nadie regala nada y los créditos hay que devolverlos. Ese es el actual problema del sector inmobiliario, - no confundir con la construcción que es otra cosa bien diferente -. Si se mantuviese el negocio como se ha mantenido en los últimos años no habría problema. Pero la actividad se encuentra prácticamente paralizada y apenas se producen ingresos. Vender una casa es muy difícil teniendo en cuenta  la brutal subida de los tipos de interés hipotecarios. El mercado se encuentra prácticamente paralizado.

 

   Las empresas del sector intentan capear el temporal como pueden. Las grandes utilizan todos sus recursos. Metrovacesa, por ejemplo, no debe tener problemas porque desde hace tiempo,  diversifica su negocio con el alquiler de inmuebles, mucho mas activo en la actualidad.

 

   Por su parte, Colonial es la inmobiliaria cotizada mas endeudada con 8.973 millones de euros. La mayor parte de la deuda, 6.400 millones corresponden a préstamos contraídos con Godman Sachs y el Royal Bank of Scotland. Con  ellos, la compañía que preside Mariano de Miguel se encuentra en conversaciones para renegociar los términos de dicha deuda.

 

   Metrovacesa también se encuentra renegociando parte de su deuda mientras que Reyal Urbis adeuda unos 6.000 millones. Buena parte de ellos corresponde a la adquisición de Urbis por parte de Reyal, un préstamo que supone 5.744 millones de euros. Dicho préstamo está provocando elevados gastos  a la compañía.

 

   Como se puede comprobar, los problemas financieros de las grandes inmobiliarias se derivan de su expansión en el sector. Colonial busca liquidez a  través de la venta de activos patrimoniales, como inmuebles, o  la inmobiliaria francesa SFL. El Consejo de Administración de la empresa que preside Mariano de Miguel se reunirá, probablemente la semana que viene, para tomar una decisión al respecto. Antes de agosto debe tener cerrada la renegociación de sus créditos por lo que se hace urgente la toma de decisiones.

 

   Todas ellas cotizan en bolsa y sus acciones están sufriendo fuertes pérdidas desde primeros de año y lo bancos  presionan. La solución pasa por la  urgente toma de decisiones porque, si no lo hacen, les puede pasar lo de Martinsa. Y las cosas no están para llegar a esos extremos.

 

  

 





  

 

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