Es admirable la capacidad de muy abundantes creadores de opinión en España para conseguir que concentremos nuestra atención en el dedo extendido que señala el horizonte, mientras se oculta el paisaje .Al Presidente de Venezuela se le había preparado un escenario propio de la comedia bufa y se le había asignado el papel de chulo malencarado. Para calentar el ambiente se habían repartido las hojas de un libreto según el cual
Chávez había decidido gastar 30.000 millones de dólares en compras de armas a Rusia, potencia a la que habría invitado a situar una base en su territorio. La publicación de un desmentido inmediato no mereció la atención y la correspondiente autocrítica de los guionistas, sino que espoleó su imaginación en busca de algún elemento dramático que condujera a un final de obra en el que el héroe, vestido de armiño, humillara al villano.
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Para desesperación de tantos, el presidente de Venezuela no ha aceptado el papel de energúmeno, ha reivindicado su condición de Jefe de Estado elegido democráticamente, y en sus escalas de Lisboa ,Palma de Mallorca y Madrid ha planteado sin aspavientos una serie de propuestas muy razonables. Ni ha empleado siquiera un tono amenazante para manifestar su discrepancia con la Directiva europea sobre la inmigración, abriendo la vía para la constitución de una Mesa conjunta de diálogo con la UE en la que Portugal y España tendrían ese protagonismo mediador que tantas veces se proclama retóricamente. Por supuesto que esta idea constructiva ha encontrado escaso eco en los análisis de la visita. El dedo que marca la actualidad nos ha orientado a la anécdota de la camiseta.
Lo verdaderamente inaudito –y lo que me obliga a denunciar la extensión de una epidemia que intenta destruir cualquier aspecto de la realidad que no favorezca el pesimismo- es la frivolidad y el desprecio que ha merecido la oferta concreta de suministro de crudo venezolano al precio de 100 dólares el barril, y la apertura de la inmensa bolsa del Orinoco a la actuación de la empresa española Repsol, garantizando así nuestro consumo durante generaciones. Hasta ayer mismo, el precio del petróleo, una de las causas desencadenantes de la crisis económica, tintaba de negro todos los comentarios. Los gobiernos, incluido el español, se escudan en la espiral alcista e incontrolable del crudo para tirar a la baja sus previsiones de crecimiento. Con el barril estabilizado a 100 dólares- el objetivo que ha propuesto Chávez en Lisboa- una buena parte de la bruma comenzaría a disiparse, para desesperación de los especuladores económicos y políticos.
Debiera haber sido el gran titular de la noticia sobre los encuentros con el Rey y con
Zapatero, pero ha faltado el ingrediente morboso que está infiltrando en nuestros comportamientos colectivos una información basura que no es exclusiva de la televisión .Lástima que Chávez, el Rey y el Presidente no se hubieran zambullido en el Mediterráneo dentro de unos barriles marcados con el nuevo precio. Hay que resucitar a
Billy Wilder.