Tras diez años con las puertas cerradas a cal y canto, el Casón del Buen Retiro se presentó en sociedad el 21 de febrero. Hasta el 4 de mayo los visitantes pudieron descubrir sus secretos y los de Luca Giordano, el pintor responsable de los frescos de su cúpula. Después se volvió a cerrar para convertirlo, ya definitivamente, en el Centro de Estudios del Prado.
Antes de que los espacios del Casón, acondicionados y modernizados tras diez años de obras, fueran ocupados por el futuro Centro de Estudios del Museo del Prado, se pudo contemplar una muestra monográfica dedicada a Luca Giordano (1634-1701). Los visitantes tuvieron la oportunidad de admirar la exposición patrocinada por la Fundación Amigos del Museo y dedicada a este artista napolitano, en la que se reunieron obras pertenecientes al Museo del Prado, que conserva la colección más importante que existe de Giordano.

Un total de setenta y cinco obras entre dibujos, planos arquitectónicos, acuarelas, óleos y estampas ilustraron la pintura de Giordano en el Casón del Buen Retiro, así como su historia, significado, iconografía, técnica de ejecución y sucesivas restauraciones. En palabras del responsable de la investigación sobre la bóveda iniciada en el año 2001 y conservador de pintura italiana, Andrés Úbeda, era difícil negar que Giordano es "un artista soberbio y singular al mismo tiempo, lo que no siempre se ha reconocido como tal".
En el salón principal del Casón del Buen Retiro, en el lugar donde se exhibió durante una década el Guernica de Picasso tras su llegada desde Nueva York, se exhibió "Rubens pintando la alegoría de la paz", una obra maestra absoluta de la época juvenil de Giordano, según Úbeda. Los trabajos de restauración del Casón, concluidos en octubre, tuvieron un coste final de 45 millones de euros y una duración de diez años, y en ellos participaron un total de veintidós restauradores, bajo la dirección del arquitecto Jaime Tarruell, autor y director del proyecto.
Fallo de climatización
Un fallo en el sistema de climatización del Museo del Prado obligó a sus responsables a primera hora de la tarde del 28 de febrero a acordar el "cierre temporal" de las tres salas de exposiciones de la ampliación durante el horario de visita del público. La avería fue detectada a las 13.30 horas y el museo decidió el cierre de las salas, que acogían una exposición sobre maestros del siglo XIX, como medida de "prudencia".
A las 18.00 horas se reabrieron dos de las tres salas afectadas, la A y la B, mientras que la tercera, la C, permaneció cerrada hasta el día siguiente ya que la mayoría de sus cuadros tuvieron que ser descolgados por "razones de conservación". En esta sala se exponían obras del último tercio del siglo XIX firmados por Fortuny, Sorolla y Beruete, entre otros artistas, así como algunas esculturas.
El incidente del fallo de climatización no fue el primero que ocurrió tras la inauguración de la ampliación del Prado ya que en enero el museo anunció la restitución paulatina de algunas baldosas deterioradas.