Los presidentes de Venezuela, Bolivia y Ecuador tienen mucho en común. Los tres llegaron a sus cargos prometiendo resolver todos los males de sus respectivos países a través de asambleas constituyentes que, en realidad, sólo han servido para que ellos acumulen más poder. Los tres creen que el Estado debe ser el principal actor de la economía y parecen obstinados en espantar la inversión privada. Los tres, en consecuencia, han alcanzado pobres resultados económicos durante sus gestiones.
Los tres han querido presentarse como mártires diciendo que poderosos enemigos (la oligarquía, los políticos de siempre, Estados Unidos) buscan atentar contra su vida para evitar un supuesto cambio que sigue sin concretarse. Pero, sobre todo, los tres manejan un discurso instigador y exaltado, que busca generar odios y conflictos al interior de sus propios países.
Los resultados de estos discursos saltan a la vista.
No hace mucho, los medios de prensa mostraban imágenes de estudiantes venezolanos, unos afines y otros adversos a Hugo Chávez, que se enfrentaban con pistola en mano. En las últimas semanas, varios departamentos de Bolivia han vivido hechos de violencia protagonizados por opositores y seguidores de Evo Morales.
En nuestro país, que no se podía quedar atrás, estudiantes de una misma universidad se enfrentaron entre ellos y con la fuerza pública, a causa de sus posiciones divergentes frente al referéndum en el que se aprobará o descartará el dudoso texto elaborado en Montecristi (que será modificado incluso después de la consulta, es decir, los ecuatorianos no sabremos sobre qué mismo nos estamos pronunciando).
En otros países con gobiernos de izquierda, como Chile, Brasil o Uruguay (sin que esto signifique que están libres de graves problemas sociales) no se ven estos enfrentamientos entre defensores y detractores del régimen. En Argentina, donde la Presidenta maneja un discurso similar al de sus colegas “bolivarianos”, sí existe esta tensión en el ambiente. Ojalá los mandatarios que apelan a las frustraciones y los resentimientos de la gente para mantenerse en sus cargos sepan evaluar los riesgos de la polarización y la violencia que ahora alimentan.
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