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El poeta Efraín Barquero

El poeta Efraín Barquero

martes 16 de septiembre de 2008, 23:21h
Actualizado: 23 de septiembre de 2008, 02:15h
El Premio Nacional de Literatura al poeta Efraín Barquero se caía de maduro. Era uno de los pocos auténticos grandes poetas que no había sido reconocido con el galardón máximo. Desde 1970, y cada cuatro años, su nombre aparecía entre los candidatos pero no era elegido. Parecía que el olvido de su obra y su nombre no le preocupaban al propio poeta. Decía que no escribía poesía para ganar premios. Tal vez esa ausencia de todo ruido para valorizar sus libros le habían relegado a un tercer plano, sólo se acordaban de él los antologadores y los historiadores literarios. Después de vivir un largo exilio en Francia decidió regresar en 1990 a Chile. Publicó entonces “Mujeres de oscuro”, “El viejo y el niño” y “La mesa de la tierra”. Nadie dijo nada a pesar de que ganó un Premio Municipal. No pudo continuar viviendo en su país porque su subsistencia era precaria. Comentó entonces “mi país me ha cerrado la puerta en las narices”.

Posteriormente LOM Ediciones publicó una Antología de su obra realizada por el crítico Naín Nómez, punto de referencia para valorarlo. Barquero se reconoce como parte de la generación del 50. Apareció entonces como un poeta lárico, con una poderosa influencia de Pablo Neruda. En su época pocos poetas se escapaban de la sombra proyectada por el gran árbol que es Neruda. No obstante, Barquero aportó su lenguaje enraizado en el alma popular, en la fraternidad, la ternura y las grandes causas del pueblo. Su libro revelador se llamó “La piedra del pueblo” y fue prologado por Neruda que acogió a Barquero como un discípulo con luces propias. Escribió para el libro un prólogo en que opinó que las palabras del poeta “relucen como el vino” y se transforman “en piedras de un ojo certero que honran la dignidad del canto”.

Barquero colaboró en los afanes de Neruda en cuanto a fundar revistas que vincularan la cultura con las grandes definiciones sociales del momento. El novel poeta fue secretario de redacción de “La Gaceta de Chile”, que publicó algunos números hasta que los inevitables apremios económicos impidieron su continuidad.

Después se produjo cierto quiebre en la relación de ambos poetas. Barquero quería desprenderse de la seducción de Neruda y exploró otros caminos para una poesía de un sello personal. Siempre tuvo presente sus años de campesino y de pobre y la entrañable vivencia con su familia. Nació en 1931, en Piedra Blanca, un villorrio de Curicó.  Se llama, en el Registro Civil, Sergio Efraín Barahona Jofré. Adoptó el seudónimo que le pareció más adecuado.

Durante el gobierno de la Unidad Popular fue agregado cultural de Chile en Colombia. Ejerció con gran entusiasmo esa tarea que le permitió divulgar la poesía de los poetas chilenos de la vieja y la nueva generación. Dejó el cargo después del golpe de Pinochet que marcó su vida y sus temas, hasta el fin del exilio. Escribió en un tono de exasperación y denuncia “Los bandos militares” y “Mujeres de oscuro”, en homenaje a las viudas de los asesinados. Después regresó a los temas que lo han caracterizado. Publicó “La compañera”, un canto de amor a las mujeres que nos acompañan en nuestras vidas, y “El pan y el vino”, un manifiesto a los alimentos terrestres que hacen posible la existencia humana.

Con toda seguridad, el Premio Nacional de Literatura lo ostenta hoy un poeta de indispensable referencia en nuestra rica poesía, de cuyo reconocimiento universal Efraín Barquero es un hito.

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Luis Alberto Mansilla
Periodista
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