La Asamblea de Vallecas
miércoles 17 de septiembre de 2008, 13:29h
Actualizado: 18 de septiembre de 2008, 13:25h
Tenemos un parlamento regional moderno, avanzado en lo tecnológico, con un altar laico de Lucio Muñoz y una estética impecable; pero ese parlamento está en el siglo XIX de la oratoria nacional. No se pueden aguantar discursos eternos que no tienen espacios para la réplica. En la sociedad de internet, donde existen los chats y los sms, no se puede seguir un debate encorsetado en forma y fondo. De hecho los diputados se cruzan mensajes con el teléfono móvil y se hacen llamadas al margen del rigor estricto de los tiempos. Al margen del reglamento hay otro canal parlamentario más interactivo.
La culpa no es la de la mesa de la Asamblea que se encarga de hacer velar un reglamento aprobado por todos; la culpa hay que echársela a los grupos que no tienen valor para romper este sistema tan "coñazo". Durante una de las largas intervenciones me llegó un sms de un diputado que decía: "¡árbitro la hora!", como si estuviéramos en el campo del Atlético. Era un grito de desesperación de persona aforada y también algo desaforada en ese momento.
Luego ocurre que lo mejor está en las declaraciones de pasillo. Menos mal que hay un baño común y un bar donde se puede hacer más política que en los plenos de la Asamblea de Vallecas.
A ese lugar, sede del parlamentarismo madrileño, le hace falta un concurso de ideas de manera urgente. No estamos en los tiempos en los que se pegaban los sellos con la lengua, ni cuando había que levantar la mano para pedir permiso.
Si se trata de hablar, cualquier cosa es mejor que una tribuna como la de Vallecas. Y ya de paso que el Fiscal del Estado ordene la búsqueda y captura del tipo que diseñó la moqueta.
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