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Malversación a medida

viernes 09 de diciembre de 2022, 07:52h

En este país quienes gobiernan de verdad y sobre todo no son los inquilinos de la Moncloa sino los muchachos de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y los amigos de ETA -o filoetarras, que tanto monta-. Nunca antes con menos votos y menor representación parlamentaria habían acumulado tanto poder en España. Basta con que a Junqueras y a Rufián, su portavoz en el Congreso de los Diputados, se les ocurra una idea para que el batallón de asesores monclovitas se deshaga instantáneamente en propuestas e ideas para que el señorito Sánchez decida cuál de ellas es la más apropiada para satisfacer los íntimos y lúbricos deseos del independentismo. Así las cosas, y parafraseando a Sánchez, ¿quién marca la agenda legislativa del gobierno? ¡eh! ¿quién la marca…?

El último episodio al respecto -sobrado anda de nuevo el presidente-, Sánchez se permitió anunciarlo en esos comentarios de corrillo con los periodistas mantenido en la fiesta conmemorativa del 44º aniversario de la Constitución del 78: habrá reforma del delito de malversación para evitar las condenas a los dirigentes del proceso independentista catalán.

El anuncio en sí es ya morrocotudo. Es como si a un condenado cualquiera (ladrón o asesino, pongamos por caso), se le sienta en el otro lado de la mesa para intentar retocar conjuntamente el Código Penal a su conveniencia y antojo para salir lo mejor parado posible. ¡Es inaudito!

Al parecer, ahora va a resultar que hay una malversación “buena”, y otra malversación “mala”. Los procesados por malversación por el procés no buscaban el lucro, y, por tanto, su malversación era “buena”. Otra cosa, claro está, son aquellos que malversan para desviar lo defraudado –o parte-, a sus bolsillos o a los de los amiguetes del partido, por ejemplo. En el entorno sanchista se quiere desligar este “retoque” al Código Penal con el caso de José Antonio Griñán, pero hay que ser muy inocente para creerlo. ¡Pero, hombres de Dios!, unos y otros cometen el mismo delito, el de malversación, es decir, el hurto de guante blanco a los impuestos que pagamos todos los ciudadanos…

La táctica puesta en marcha hace ya años por Moncloa mezclando mentiras y anuncios propagandísticos e ideológicos han adormecido ya cualquier tipo de reacción de indignación en la opinión pública. No hay decisión, por escandalosa que sea, capaz de hacer despertar a la dormida opinión Ya todo vale, que es tanto como decir que nada vale. Después, ya se sabe, como haya algún resquicio o grieta en la norma acordada y publicada en el BOE y a algún juez o magistrado se le ocurra dar la razón a los denunciantes, inevitablemente será tachado de retrógrado, conservador y fascista. No hay más que mirar lo sucedido con la Ley del sí es sí. Se articula un bodrio de ley que permite poner en la calle a abusadores sexuales y violadores y la conclusión progresista no es que hay que reformar el desastre de ley (¡la izquierda nunca se equivoca…!), sino que los jueces son machistas y ultraconservadores. Y, con ayuda de los medios y tertulianos adictos, cualquier barbaridad repetida unos cientos de veces, acaban conformando una verdad. Por escandalosa, bárbara, antiética o inmoral que sea.

Lo que se está perpetrando con esta nueva estratagema legal a punto de ver la luz es sencilla y llanamente, legalizar cierto tipo de malversación. Aquella que afecte a independentistas catalanes, es decir, que podrán seguir haciendo uso libre y sin medida de los impuestos de todos los españoles para luchar precisamente contra España. ¿Hay quién dé más? No contentos con haber indultado a condenados por el delito de sedición, ahora se les premia aún más para que no se pongan nerviosos y puedan llegar a pensar en algún momento en moverle la silla al presidente Sánchez.

Lo más curioso, simple y casposo de todo el proceso es la contumacia que se exhibe desde el gobierno y aledaños para intentar justificar tantas y tan graves atrocidades legales: la homologación de la tipificación de los delitos y sus penas con el resto de países de Europa. Inmediatamente salen catedráticos de derecho internacional para comparar y desmentir tales bases, pero el aparato político y legislativo del sanchismo no se intimida por ello, ni mucho menos. En el mejor de los casos se vuelve a recurrir al mantra del “fascista” y “machista” y con ello se apaga todo riesgo de intento de oposición a la nueva iniciativa legal.

Como le demos mucho tiempo más al presidente Sánchez, va a hacer realidad aquella afirmación de uno de sus padres políticos de otro tiempo, aunque ahora tiemble solo con escuchar su nombre, Alfonso Guerra. Me refiero a aquello de que “a España no la va a conocer ni la madre que la parió”. O quizás sea aún mucho peor porque España, lo que se dice España, en breve lo mismo pasa a ser un fantasma del pasado. De hecho –se admiten apuestas-, el próximo paso de ERC va a ser la exigencia a Sánchez de un referéndum para Cataluña si quiere mantener el sillón de Moncloa. La única duda está en si eso sucederá antes de diciembre de 2023 o será otro sine qua non para la próxima legislatura.
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