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La figura de la acabadora y Noelia en el corazón

viernes 27 de marzo de 2026, 13:22h
La novela 'La acabadora'
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La novela 'La acabadora'

Estaba leyendo las últimas páginas de la apasionante novela La acabadora, de la escritora corsa Michela Murgia, cuando me llegó la noticia de que el calvario judicial de Noelia Castillo Ramos había concluido, con la decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de rechazar de forma definitiva las medidas cautelares solicitadas para frenar el proceso, dando vía libre a la aplicación de la eutanasia, que la joven barcelonesa había reclamado, el 10 de abril de 2024, a la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña (CGAC), órgano independiente formado por médicos, juristas y expertos en bioética que vela por la correcta aplicación de la ley que entró en vigor el 25 de junio de 2021 tras ser aprobada por el Congreso de los Diputados.

Finalmente, cerca de las seis de la tarde del pasado jueves día 26 de marzo y en la residencia sociosanitaria de Sant Pere de Ribes de Barcelona, a Noelia, un cualificado equipo médico le administró un fármaco tranquilizante llamado midazolam, luego un gramo de un anestésico, Propofol, y por último una sustancia extraída de plantas amazónicas, curare, un bloqueante neuromuscular, que acabo con su vida.

Noelia Castillo RamosFecha clave de este drama vital fue el 4 de octubre de 2022, cuando Noelia, desesperada tras años de abandono familiar y después de sufrir una brutal agresión sexual por parte de su ex novio y dos amigos que le acompañaban, intentó suicidarse arrojándose al vacío desde un quinto piso. No murió, pero se quedó parapléjica, inmovilizada de cintura para abajo y con dolores neuropáticos crónicos, lo que la llevó a pedir asistencia legal para poder morir con dignidad.

El 18 de julio de 2024, la CGAC aceptó la solicitud por unanimidad, pero su padre, apoyado por la organización Abogados Cristianos, recurrió la medida, alegando que su hija sufría problemas de salud mental y el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 12 de Barcelona la suspendió de forma cautelar. A partir de ese momento para Noelia empezó un rosario de ratificaciones personales y recursos de sus oponentes. Finalmente, el 10 de marzo de 2026, el TEDH dictó su inapelable sentencia.

Así, la joven barcelonesa entra en la estadística y el listado que recoge a las 1.035 personas a las que, desde la entrada en vigor de la Ley de eutanasia y el derecho de la ciudadanía española a una muerte digna, se ha ayudado a dar piadoso fin a su existencia.

No puedo; nadie puede hacerlo, meterse en el almario de la joven ni en el del padre que, tras largos años de desamparo y desatención a su hija, trató de obstaculizar e impedir su decisión, tomada, así lo atestigua el comité de expertos, libre, consciente e informadamente.

Con el corazón encogido, vuelvo a la novela de Murgia, que narra la peripecia vital y afectiva de María Listru, una niña de seis años, cuarta hija de la humildísima Anna Teresa Listru, “el error después de tres aciertos”, a la que adopta como fill’e anima, Bonaria Urrai, modista, “mujer de antigua belleza y perenne soledad”.

La acabadora, según el folclore sardoCon el tiempo, la niña irá creciendo e intuyendo que su madre adoptiva, además de confeccionar, ajustar y transformar prendas de vestir, realiza otras funciones para la comunidad, que consiste en reconfortar a quienes se acercan hacia el final del camino. Porque Bonaria es femina agabbadòra o s'agabbadora, la acabadora del pueblo, una figura tradicional en Cerdeña, isla que conviene recordar fue España durante 397 años, cuya función consiste o consistía en acelerar la muerte de enfermos agonizantes y con dolor insoportable. Vestidas de negro, muy respetadas en la comunidad y a menudo descritas como “la última madre”, ejecutaban una eutanasia ritual y semi clandestina; algo que, a escala planetaria, empezó a tomar forma legal y jurídica el 1 de abril de 2002, cuando en los Países Bajos se aprobó la Ley de Terminación de la Vida a Petición Propia y del Auxilio al Suicidio.

Volviendo a la maravillosa novela La acabadora, publicada en mayo de 2009, cuando María descubre por fin lo fundado de sus sospechas, arremete con furia verbal sobre su madre adoptiva y cotraargumenta su razonamiento: “Si las cosas deben suceder, suceden por sí solas en el momento adecuado”. Bonaria Urrai, se quita la toquilla con brusquedad y le responde: “¿Naciste acaso por ti sola, María? ¿Saliste del vientre de tu madre empleando tus propias fuerzas? ¿O naciste con la ayuda de alguien, como todos los vivos? (…) ¿Te cortaste tú sola el cordón? ¿Acaso no te lavaron y amamantaron? ¿No has nacido dos veces gracias a otros? ¿O eres tan lista que lo has hecho todo sola?”.

Sin esperar respuesta, prosigue y le aclara: “Otros decidieron por ti entonces y otros decidirán cuando haya que hacerlo. No hay ningún ser humano que llegue al final de sus días sin haber tendido una madre en cada esquina, María, y tú deberías saberlo mejor que nadie (…) Nunca me ha abierto el vientre y Dios sabe que lo habría deseado, pero aprendí sola que a los hijos hay que darles bofetadas y caricias, y el pecho, y el vino de la fiesta, y todo lo necesario, cuando lo necesitan. Yo también tenía un papel que desempeñar, y lo he desempeñado”.

María pregunta entonces con un hilo de voz: “- ¿Y qué papel era?”. La anciana no medita la respuesta y le espeta: “El último. Yo he sido la última madre que algunos han visto”.

Según el folclore sardo, la acabadora, figura que en España tuvo su equivalente en los saludadores, tras la petición expresa del enfermo y de sus familiares más próximos, llegaba de noche y retiraba todos los símbolos religiosos, y, a continuación, descargaba sobre el moribundo un golpe con una maza de madera de olivo, el mazzolu, aunque antropólogos, historiadores y expertos coinciden en que lo más lógico y natural es que sencillamente le asfixiara con una almohada.

Sea como fuere, merece la pena leer La acabadora de Michela Mungia y a través de sus páginas, además de gozar intensamente de su brillante redacción, intentar reflexionar sobre nuestros conceptos, pasados y presentes, de humanidad y civilización. Al fin y a la postre, todos somos sardos en el exilio.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía. Profesor de sociología en el Grado de Criminología.

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