Un informe publicado por el periódico estadounidense The New York Times sobre una llamada telefónica celebrada el pasado noviembre entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Mohamed bin Zayed, volvió a poner el foco sobre la naturaleza cambiante de la relación entre Riad y Abu Dabi.
Según el periódico, citando a 4 personas informadas por funcionarios emiratíes, Trump comunicó al jeque Mohamed bin Zayed que el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman le había pedido imponer sanciones a los Emiratos. Una versión saudí lo negó, señalando que la conversación trató sobre endurecer sanciones contra partes armadas sudanesas, no sobre atacar directamente a Abu Dabi.
Aunque las versiones difieren, el momento del informe se enmarca en un contexto más amplio de transformaciones económicas y políticas dentro de Arabia Saudí, donde la “Visión 2030” -el proyecto insignia del príncipe heredero- enfrenta desafíos crecientes, según informes internacionales y análisis económicos occidentales.
Visión 2030 entre la ambición y los desafíos
Desde su lanzamiento en 2016, Visión 2030 busca diversificar la economía saudí y reducir la dependencia del petróleo mediante megaproyectos como NEOM, la ciudad “The Line” e iniciativas para convertir Riad en un centro financiero global.
Sin embargo, informes recientes señalan una brecha creciente entre los objetivos anunciados y la capacidad real de ejecución.
Un informe del Wall Street Journal en 2024 indicó que el plan original de “The Line” aspiraba a albergar unos 1,5 millones de habitantes para 2030, antes de que las estimaciones fueran revisadas significativamente a la baja en las primeras fases debido a desafíos financieros y de ingeniería.
Bloomberg, citando a funcionarios y analistas, señaló que el aumento de los costos de los megaproyectos y la volatilidad de los precios del petróleo ejercen presión adicional sobre el presupuesto saudí.
En la misma línea, un informe del Fondo Monetario Internacional en 2023 indicó que Arabia Saudí necesita precios del petróleo relativamente altos para mantener el equilibrio fiscal ante el elevado gasto asociado a los proyectos de transformación. La revista The Economist también apuntó que algunos componentes de Visión 2030 “dependen de supuestos de crecimiento e inversión muy optimistas”, lo que hace que su ejecución sea vulnerable a las fluctuaciones de los mercados globales.
Competencia con Dubái
Paralelamente a estos desafíos, Riad intenta atraer empresas internacionales exigiendo el traslado de sus sedes regionales al reino, medida que observadores interpretan como un intento directo de competir con Dubái, que durante décadas ha consolidado su posición como principal centro financiero y logístico de Oriente Medio.
Los rankings internacionales de centros financieros muestran un claro avance de Dubái y Abu Dabi respecto a Riad, lo que refleja diferencias en la estructura institucional, la flexibilidad regulatoria y la estabilidad del marco jurídico. Informes internacionales destacan que atraer inversión requiere un sistema legal estable y una experiencia acumulada prolongada, factores que han otorgado a Emiratos una ventaja comparativa.
Lectura en clave política
En este contexto, algunos analistas consideran que el aumento de tensiones políticas -como sugirió el informe del New York Times- no puede separarse completamente de la competencia económica. Con la reprogramación o ralentización de algunos grandes proyectos, podría incrementarse la sensibilidad del liderazgo saudí frente a la competencia regional, especialmente en su intento de reposicionar al reino como centro global de negocios.
No obstante, no existen declaraciones oficiales que confirmen una intención saudí de atacar económicamente a Emiratos. Las relaciones entre ambos países siguen sustentadas en amplias alianzas en energía, inversión y seguridad.
Una ecuación compleja
En definitiva, el escenario actual del Golfo refleja una interacción entre ambiciones económicas nacionales y transformaciones políticas regionales. Mientras Emiratos consolida su posición como centro económico global, Arabia Saudí impulsa una transformación económica sin precedentes en su historia reciente, enfrentando desafíos estructurales y financieros complejos.
La cuestión que se plantea en los círculos analíticos es si la competencia en el Golfo se gestionará dentro de un marco complementario que preserve intereses comunes, o si las presiones del proceso de transformación económica derivarán en mayor fricción política en la próxima etapa.