No hay tiempo para elaborar una nueva Ley de Cajas autonómicas, según el número dos del gobierno regional madrileño,
Ignacio González, porque se quiere consensuar la reforma con el PSOE. Esa es la lectura oficial. Pero en fuentes próximas al palacio de la Puerta del Sol, se dice abiertamente que no habrá reforma hasta que concluya el proceso electoral iniciado en Caja Madrid para renovar sus órganos rectores. De acuerdo con la normativa actual, este proceso debe conducir a la salida del actual presidente
Miguel Blesa de la presidencia de la Entidad.
Blesa intenta buscar desesperadamente apoyos dentro del Partido Popular a sabiendas de que
Esperanza Aguirre no le quiere ver ni en pintura. La presidenta autonómica discrepa abiertamente con la política inversora del Grupo y, sobre todo, la negativa de Blesa a financiar algunos proyectos autonómicos derivados del programa presentado por el PP madrileño en la última campaña electoral.
Así pues, se busca sustituto aunque todavía nadie se ha pronunciado por nadie.
Antonio Beteta, consejero de Economía, apuesta por
Manuel Pizarro, diputado por Madrid. Dicen que Pizarro se aburre en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo y quiere volver a lo que a el le gusta, la actividad empresarial. Pizarro fue presidente de la CECA, la Confederación Española de Cajas de Ahorro y conoce el sector a la perfección.
Otro candidato, esta vez propuesto por Génova, y que cuenta con un amplio consenso es
Rodrigo Rato. Incluso puede ser un candidato muy bien visto por los socialistas, no sólo los del PSM sino incluso a nivel estatal. Rato, desde que ha vuelto de Washington, dejando prematuramente su cargo en el Fondo Monetario Internacional, está alejado de la política a pesar de que un sector muy influyente del PP madrileño le ha pedido que encabece una alternativa a
Mariano Rajoy al que consideran que no da la talla para enfrentarse, de nuevo a
Rodríguez Zapatero en unas elecciones generales.
Pero Rato calla. No dice ni que sí ni que no. Se limita a dejarse querer mientras asesora a la gran banca. Popular y Santander, entre otros. También tiene experiencia y no le haría ascos a la presidencia de la segunda caja de ahorros de España en volumen de activos. Rajoy, de paso, se quitaría un adversario de primer orden para los siguientes comicios generales.

Y en una situación como ésta, el que mas tiene que perder es Blesa. La Ley vigente marca como plazo máximo de permanencia en la presidencia 12 años. Esa Ley, que data de 2003, recoge una disposición transitoria en la que establece que los consejeros que en ese momento se encontraban ejerciendo un segundo mandato, caso Blesa, podrían optar a un nuevo mandato único y definitivo. Y ahí es donde reside el conflicto porque, según la interpretación que se haga de este párrafo Blesa podría tener una nueva oportunidad de renovar mandato mientras que la Comunidad de Madrid entiende todo lo contrario. Que con la renovación de los consejeros el presidente no podría ser elegido al no existir el sector que le designó.
Y otra cosa es lo que digan la oposición, el PSM de
Tomás Gómez que, últimamente apuesta por la defenestración de Blesa, y los sindicatos, con una significativa representación en el Consejo de Administración. Y aquí, la todopoderosa
Maria Jesús Paredes, dirigente de la Federación de Banca de Comisiones Obreras, no está por la labor de que echen a Blesa. Todo lo contrario, se ha convertido en su estandarte. Y Paredes tiene mucho poder dentro de Caja Madrid.
Difícil solución para una muy difícil papeleta en la que se ha metido
Aguirre.