Tras la noche más larga, el columnista, atento a los comentarios de todos los políticos españoles preguntados llega a la conclusión de que Rodríguez Zapatero, Rajoy, Artur Mas, Ibarretxe, Quintana, Carod Rovira, Llamazares e tutti quanti han ganado por méritos propios las elecciones presidenciales norteamericanas. El entusiasmo y las expectativas previas habían prendido en España, tanto en la clase política, como en la periodística. De una forma u otra, todos hemos actuado de supporters de Barack Obama, el vencedor por goleada. Victoria, sí. Globalizada, también. Cuando EE.UU. se constipa, el mundo estornuda, que para eso sigue siendo la potencia dominante.
Celebraciones aparte, hay que dejar constancia del cambio de ciclo que se produce en el orden mundial, tras los ocho años de mandato de George Bush. Al todavía senador por Illinois le toca corregir los brutales desajustes creados por el tejano y su cohorte de halcones. A partir del 28 de enero próximo, cuando Obama se instale en la Casa Blanca, habrá que ver hasta dónde llegan los cambios prometidos.
En estas semanas previas es dónde el presidente electo tiene que despejar algunas incógnitas. Se trata de los nombramientos de su equipo: el secretario del Tesoro, el de Estado y el de Defensa. Los tres pilares sobre los que pivota la gobernación de EE.UU. El simple enunciado de los nombres de los candidatos para el puesto nos darán suficientes pistas para saber por dónde van a ir las políticas económicas y de defensa, más las relaciones internacionales de la nueva administración.
Barack Obama llegará a la Casa Blanca bien pertrechado, al contar con dos años de aplastante mayoría demócrata en el Senado y en la Cámara de Representantes. Con el Capitolio a favor, el presidente entrante lo tiene de dulce. Y, en principio, todo augura una presidencia tan buena como la de Bill Clinton, el mejor de los presidente demócratas del pasado siglo si hacemos abstracción de la leyenda dorada de John F. Kennedy.
Eso sí, queda por ver, y no es cuestión baladí, si Obama va a seguir manteniendo, al modo del Bush saliente, la(s) impunidad(es) de EE.UU. frente a la Corte Penal Internacional y el tiempo que se toma en liquidar la cárcel de Guantánamo. No va a ser trabajo fácil para el nuevo presidente, porque, tras los atentados del 11S, la preocupación por la seguridad nacional norteamericana ha acabado deviniendo en paranoia. El lado oscuro de la Defensa y Seguridad es muy difícil aunque no imposible de controlar. Cuanto antes salve este escollo Obama, mejor para todos.