El caso es que leyendo un periódico en Internet veo que Javier Fesser estrena estos días una nueva película, muy alejada del tono de Mortadelo y Filemón (menos mal). Esta vez se llama Camino. Para las personas que conozcan el Opus Dei (mi caso) sean o no simpatizantes, esta palabra enseguida les trae a la mente algo muy concreto: el libro escrito por el fundador de la Obra, José María Escrivá de Balaguer (ahora es San porque ha sido canonizado). Fesser dice en la entrevista que he leído, leyó la historia de una niña nacida en una familia del Opus Dei que se murió a los once años después de cinco meses de enfermedad. No he visto la película pero en cualquier caso lo que me interesa son las palabras del director. Suele pasar en mucha gente de la (digamos) cultura que critican precisamente lo que pecan. Me explico. Muchas veces he oído a gente despotricar de grupos religiosos, políticos o de folklore vasco (lo mismo me da que me da lo mismo) por su intolerancia hacia los que no piensan como ellos cuando ellos en su crítica se muestran todavía más despiadados que el objeto de sus críticas.
Estudié en la Universidad de Navarra y nadie me comió el coco más allá de lo que yo permití. Conozco el Opus Dei bastante bien aunque nunca he formado parte de él. Sé que tiene defectos como sé que tiene sus virtudes. Conozco gente que pertenece a él que es muy feliz y también conozco a gente que ha salido de él y cuenta verdaderos dramas personales. Hace poco terminé de leer la novela finalista del Premio Casa de América, Justos por pecadores, del escritor colombiano Fernando Quiroz, dónde el protagonista cuenta su personal y angustiosa salida de la Obra. Fuera de hacer valoraciones éticas, religiosas o morales (bastante tengo con lo mío) me llamó la atención el proceso mental en una persona que descubre después de tantos años que lo que siempre había tenido como verdad absoluta, luego resulta que no lo es. Imagino que el proceso de madurez mental lleva toda una vida y ni con 90 años uno tiene las cosas claras. En algo estoy de acuerdo con Fesser: desconfío de la gente que cree tener verdades absolutas. En lo tocante al pensamiento humano me temo que éstas no existen.
Doris Lessing, en su autobiografía (la estoy leyendo estos días y de verdad que la recomiendo) hace una reflexión con respecto a este tema que creo que al ser de ella tiene más autoridad de lo que yo pueda aportar. Dice, hablando de la etapa en la que ella fue comunista (apenas un par de años en su juventud), que habría que formular la pregunta de la siguiente manera: si una persona abraza una fe, política o religiosa, deponiendo la individualidad en un acto espiritual de sumisión a la autoridad, ¿cuánto tarda en recuperar la autonomía emocional? Tiene que existir alguna ley psicológica que lo determine, y tiene poco o nada que ver con la razón, con el nivel racional de una persona. Estoy de acuerdo. No se trata de que ser creyente sea bueno o malo, ni siquiera se trata de buscar a los buenos y a los malos dentro o fuera de las religiones o de las ideas políticas. Lo importante es que nada de estas creencias domine el raciocinio de quien las defiende. Además, ¿acaso no es legítimo y forma parte del orden natural que el hombre se haga preguntas sobre el origen de su existencia? ¿Por qué ha de ser más racional ser ateo que creyente? O dicho de otra manera, ¿por qué es mejor ser creyente que agnóstico? Supongo que me estoy metiendo en un terreno enfangado y que esta discusión se mantiene ya desde los griegos (tampoco estoy yo descubriendo la pólvora).
Es como el tema del velo. Ahora que estoy en Marruecos ya me parece hasta normal ver a las mujeres con él puesto. Se trata de la costumbre. Mi cerebro ya no visualiza algo diferente porque, sencillamente ya lo ha visto en repetidas ocasiones. ¿En España? Pues es que no sé, es que la cuestión a debatir no debería ser velo si o velo no, sino que lo que deberíamos plantearnos es algo más práctico (y creo más importante): ¿Quieren ellas? Pues si quieren, adelante, y si no, pues que no se lo pongan. ¿Qué Estado es más opresor, el que obliga a las mujeres a taparse o el que no deja seguir las costumbres? No sé, me hago un lío. Vale, que no se me echen ahora encima con el tema de la ablación del clítoris porque eso es diferente.
Es como ir de un extremo del mundo a otro. En España la gente que va a misa tiene que (dependiendo de delante de quién lo diga) decirlo casi para su camisa, aquí esa misma gente que en España te mira como un bicho raro si confiesas rezar el rosario te pide que, por favor, seas muy respetuosa con las costumbres religiosas de los marroquíes. No sé, me hago un lío impresionante. Me voy a pedir una cerveza que, al menos en mi religión el alcohol está permitido. Algo es algo