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Sergio Blanco (dramaturgo franco uruguayo): "El cine ha muerto, el siglo XXI es el del teatro"

lunes 08 de enero de 2018, 08:44h
Sergio Blanco (dramaturgo franco uruguayo): 'El cine ha muerto, el siglo XXI es el del teatro'
Navega entre lo real y la ficción. Lo que vive, lo que imagina, lo que quizás debió haber vivido o puede que acabe viviendo algún día se mezcla en el ayer, el hoy y el mañana reales en algo que Sergio Blanco (Montevideo, 1971), ha acabado por dominar y sublimar, la autoficción. Uruguayo de nacimiento y francés de adopción, hombre reflexivo, preciso, locuaz y accesible, saltó al primer plano del teatro internacional después de recibir el premio más importante del teatro independiente londinense, el Off West End London Awards, por su obra ‘Tebas Land’, en donde aborda el tema del parricidio y la creación artística, que en las últimas semanas ha llenado el Pavón Teatro Kamikaze, después de ser representada en escenarios de Europa, Asia y América.

Entre Uruguay y Francia, entre la literatura y el teatro, entre la creación artística y la docencia, Sergio Blanco ha pasado durante unos días por Madrid a finales de diciembre pasado para llevar también al escenario del Pavón Kamikaze, ‘Ostia’, una obra que, por expreso deseo del autor, solo puede ser interpretada por los hermanos Blanco, Sergio y Roxana.

En medio de sus apretadas jornadas madrileñas, ha tenido la amabilidad de atender a Diariocrítico para responder a nuestras preguntas…

J.M.V.- ¿Definitivamente te has afincado ya en Francia? ¿Por qué saliste de tu país, de tu entorno?

S.B.- Cuando de niño descubrí la lengua francesa inmediatamente supe que quería vivir en el francés. Más que en Francia mi deseo era vivir en el francés. No se trató tanto de una elección geográfica sino lingüística. Vivo en Francia no por su territorio sino por su lengua.

P.- ¿Elegiste el texto dramático y no otra manifestación literaria para expresarte, o fue el teatro quien te eligió a ti?

R.- Me parece que siempre es uno el que elige. En mi caso fui yo quien elegí dedicarme a la escritura. Es lo único que sé hacer. Escribir y leer. Fuera de esas dos cosas, no sé hacer nada más.

P.- ¿Sigues pensando que el teatro está hoy más vivo que el cine?

R.- Más que nunca. El siglo del cine fue el siglo pasado ya que fue el siglo de la imagen. Este siglo es el siglo de la mirada, que no es lo mismo. Y en el teatro (que viene del griego teatron y quiere decir lugar desde donde se mira), lo que está en juego es la mirada. Por lo tanto el siglo del teatro es este. El cine ya está muerto del todo. Ya no saben más qué hacer para que la gente vaya. Esta mañana escuché que en París se abrió una sala con juegos entre las butacas para que los menores de 14 años puedan armar legos y divertirse mientras se proyecta la película. Eso demuestra que el cine ya no interesa más como sistema de producción y de aprehensión de imágenes. Por eso los cines están vacíos y las salas de teatro cada vez más llenas. Hace años que lo vengo diciendo: el cine está muerto.

P.- ¿La crítica y el público españoles han reaccionado como esperabas ante ‘Tebas Land’ y’ Ostia’?

R.- Tanto a la crítica como al público le han gustado mucho las dos piezas. Lo mismo sucedió el año pasado con las giras de mis espectáculos Tebas Land y La ira de Narciso. Al público y a la crítica española les gusta mucho lo que le proponemos. Y eso es muy gratificante tanto para mí como para mí equipo. Y esto último por una razón muy simple: produce mucho placer que el trabajo que uno hace produzca satisfacción en los demás.

P.- Te afecta mucho la acogida de tus obras o consideras simplemente que ese es un paso necesario en la vida de las obras de teatro, independientemente de cómo sean aceptadas?

R.- Me importa mucho la acogida de todo lo que escribo o dirijo. Es hermoso saber que lo que uno hace es aceptado y gusta a los demás. Es bello saber que uno es querido. Para mí es fundamental. Yo necesito el amor de los demás. Siempre digo que no escribo sobre mí porque me quiera sino porque quiero que me quieran.

P.- Decántate, por favor: ¿Lope de Vega o Calderón de la Barca, y Valle-Inclán o Lorca?

R.- Me gustan los cuatro con la misma pasión y dolor. No podría decantarme. Puesto que estamos en tiempo de Epifanía, debo confesar que si me dan a elegir Melchor, Gaspar o Baltasar, no sabría a cuál elegir. Es posible querer a varios con la misma intensidad. Hay un pasaje en El amor en los tiempos del cólera que dice algo maravilloso: “El corazón tiene más cuartos que un hotel de putas”.

P.- Dame también algunos nombres de dramaturgo/as (en lengua española o no, que hoy te interesen especialmente.

R.- Muchos. Varios. Mi corazón tiene cuartos para muchos autores contemporáneos. Pero no sería elegante nombrarlos.

P.- Desde principios de los años 90 que llegaste a París, tu día a día discurre en francés y, sin embargo, sueles escribir en español. ¿A qué obedece esa dicotomía? Lo mismo cuando vuelves a Uruguay, tu creatividad brota en francés, ¿no?

R.- Escribo en español porque es el único espacio en donde me encuentro con mi lengua. La escritura es una cita que me doy con el español. Es el lugar en donde arreglo mis cuentas con mi lengua. Nunca escribo en francés ni en Francia, ni en Uruguay. Solo escribo en español que es mi lengua materna.

P.- ¿Crees que el público ha perdido ya el miedo a ir a ver una obra de un joven actor, director o dramaturgo no muy conocidos?

R.- No lo sé. No puedo contestarte a esa pregunta. Tampoco sé si existe ese miedo. La mayoría de los miedos son construcciones que en realidad no existen, ¿no? A mí me parece que está bien que el público sea un poco miedoso.

P.- ¿Escuchas, preguntas, no das por hecho nada, te autocuestionas permanentemente o, por el contrario, lo tienes todo muy claro desde el primer momento del proceso creativo?

R.- No tengo nada claro ni al principio, ni durante, ni una vez finalizado un proceso creativo. El teatro es el arte por excelencia de la «otredad», es decir, solo existimos si hay otro. Yo necesito a esos otros. Solo existo gracias a ellos. Y por eso mismo cuando tengo enfrente a esos otros me debo enteramente a ellos.

P.- ¿Qué es el público para ti? ¿Es siempre tu objetivo final o a veces haces cosas para ti mismo o para las gentes del teatro?

R.- El público es la pieza fundamental de todo el andamiaje teatral. Sin el público no hay teatro. Sin su mirada no existimos. Por eso también nos debemos a él. El público son esos gigantes de la montaña como los llama Pirandello. El público es el Rey como en la corte de la época de Molière o el teatro isabelino. El público es ese auditorio sagrado como lo era en la tragedia en Atenas. Nosotros con mis equipos de creadores hacemos todo para los espectadores. Nuestro trabajo es esperarlos. Lo único que hacemos es esperar que lleguen. La espera es algo maravilloso. La exigencia de toda cita es algo hermoso.

Sergio Blanco vuelve a París, posiblemente con el propósito inmediato de ultimar un proyecto muy singular que pronto podrá verse en el MOMA de Nueva York. Una instalación que toma como base el texto de una de sus obras más recientes, ‘Cuando pases sobre mi tumba’. La obra está íntegramente escrita a mano con sangre de toro, procedente de Sevilla, sobre un pergamino proveniente de una de las casas que abastecía a la familia de los Médici en Florencia… Sorprendente, singular y nada acomodaticio, el dramaturgo uruguayo seguirá creando, y dando que hablar a ese público fiel que acude a disfrutar con sus espectáculos y que nunca sale indiferente o defraudado de ellos.

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