El juez federal Richard León ordenó la paralización inmediata de las obras del nuevo salón de baile que Donald Trump proyectó en la Casa Blanca.
Esta resolución supone un revés para las pretensiones del mandatario de dejar su impronta arquitectónica en los monumentos más emblemáticos de la nación.
El magistrado fundamentó su decisión en que el presidente actúa como mero custodio del edificio para las futuras familias presidenciales, pero recordó de manera tajante que no es su propietario.
Requiere aprobación del Congreso
En su fallo, el juez Leon especificó que un proyecto de tal envergadura requería obligatoriamente la aprobación previa del Congreso de los Estados Unidos.
Aunque la construcción se detuvo, el magistrado matizó que todavía no es tarde para que el legislativo autorice la continuación de las obras si así lo considera oportuno.
Leon sugirió que el presidente puede solicitar en cualquier momento una autorización expresa para edificar el salón utilizando fondos privados, cumpliendo así con los cauces legales establecidos para la alteración de edificios históricos.
Suspensión temporal
A pesar de la orden de paralización, el juez concedió una suspensión de la ejecución de su propia sentencia por un plazo de 2 semanas. Este margen temporal se otorgó tras conocerse la intención del Gobierno de apelar la decisión, trámite que el equipo legal de la Casa Blanca formalizó esa misma tarde.
Con este movimiento, el magistrado atendió de forma provisional la solicitud del 'National Trust for Historic Preservation' (NTHP), una organización sin fines de lucro dedicada a la protección del patrimonio que lideró la ofensiva judicial.
La NTHP presentó la demanda original el pasado mes de diciembre, acusando a la administración Trump de ignorar los requisitos legales que exigen una investigación pública exhaustiva antes de intervenir en un monumento histórico. Según la organización, el Ejecutivo omitió deliberadamente el consenso parlamentario necesario para transformar la estructura de la Casa Blanca. Para los conservacionistas, el proyecto del salón de baile representaba una amenaza a la integridad del edificio, que goza de una protección especial por mandato del Congreso desde su creación.
Reacción de Trump

Fiel a su estilo, Trump utilizó su red social 'Truth Social' para cargar contra la decisión judicial y contra la organización demandante. El presidente calificó a los miembros de la NTHP de "grupo de extremistas de izquierda desquiciados" y defendió con vehemencia la construcción. Según Trump, el salón de baile se estaba levantando por debajo del presupuesto inicial y se encontraba adelantado respecto al cronograma previsto, asegurando que se convertiría en el edificio más hermoso de su clase en todo el mundo.
El mandatario subrayó que la obra se realizó sin coste alguno para el contribuyente estadounidense, sugiriendo que la financiación procedía íntegramente de fondos privados.
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