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El 54% de consumidores rechaza compartir datos personales online
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El 54 % de consumidores rechaza compartir datos personales online

Por Agencia
lunes 12 de enero de 2026, 16:46h
Última actualización: lunes 12 de enero de 2026, 16:58h

Más de la mitad de los consumidores en Latinoamérica y España ya se niega a entregar información personal a las marcas. El informe “La visión del marketing en 2025” de HubSpot alerta que el fenómeno del marketing ciego se consolida. Las empresas deben equilibrar creatividad y ética mientras aprenden a operar con menos datos propios y más transparencia digital.

En la era digital, los usuarios han entendido que sus datos son una moneda poderosa. Este reconocimiento les da más control y les permite decidir a quién confían su información. Las empresas, antes acostumbradas a recopilar hábitos y preferencias sin demasiadas restricciones, atraviesan hoy una fase de replanteamiento. La percepción pública sobre riesgo digital y vigilancia comercial se incrementa sin cesar. En algunos sectores, como el entretenimiento en línea, la discusión sobre identidad y anonimato es aún más intensa.

Dentro de ese entorno se observan ejemplos concretos de gestión de datos, como los casinos sin KYC, donde los operadores de plataformas de juego buscan compatibilizar seguridad, privacidad, licencias legales y control de fraude mientras reducen la fricción en registro, validación y trazabilidad de usuarios. La experiencia muestra cómo, incluso con protocolos de cifrado avanzados y criptomonedas, la confianza sigue dependiendo de la claridad con la que se comunican los procesos.

Esta dinámica ilustra un nuevo equilibrio entre comodidad y seguridad. Los consumidores no rechazan necesariamente los servicios digitales, sino la sensación de estar monitoreados sin permiso. El reto, entonces, es ofrecer experiencias seguras sin sacrificar personalización ni cumplimiento normativo.

La desaparición de las cookies y sus consecuencias

El final de las cookies de terceros marca un punto de quiebre para el marketing digital. Durante años, estas pequeñas piezas de código sirvieron para rastrear comportamientos y anuncios personalizados. Sin embargo, la mayoría de los navegadores ya limita su uso, y las marcas enfrentan la necesidad de construir nuevas metodologías basadas en datos de primera mano.

El motor de esta transición es doble: las exigencias regulatorias y la exigencia social de privacidad. Las empresas que no adapten sus sistemas corren el riesgo de perder precisión en la segmentación, pero también credibilidad frente a usuarios cada vez más informados sobre sus derechos digitales.

Estrategias que sustituyen la identificación directa

Ante la reticencia del público, surgen modelos de marketing que privilegian señales contextuales y comportamientos anónimos. En lugar de seguir a los usuarios paso a paso, las marcas analizan patrones agregados. Esto permite detectar tendencias sin vulnerar identidades. Aunque los resultados pueden ser menos precisos, el intercambio valora más la confianza que la cantidad de datos extraídos.

El uso de inteligencia artificial refuerza estos procesos. Algoritmos capaces de interpretar texto o imagen ayudan a deducir intenciones sin requerir identificadores concretos. Esta aproximación reduce la exposición de datos, al tiempo que genera una medición más ética y aceptada socialmente.

Economía de la confianza: reputación como activo

En un entorno de vigilancia percibida, la reputación se convierte en valor medible. Los consumidores premian con lealtad a las marcas que explican claramente cómo manejan su información. Políticas transparentes, interfaces legibles y opciones de consentimiento visibles reducen la resistencia. La confianza, antes intangible, se traduce en retención y recomendación.

Muchas empresas ya comparan su desempeño no por volumen de datos sino por nivel de permanencia de usuario. La métrica de “confianza neta” emerge como equivalente del antiguo índice de satisfacción. A largo plazo, la ética en la gestión de información compite directamente con el precio o la calidad del producto.

El papel de la regulación y la cooperación internacional

Las leyes de protección de datos varían entre regiones, pero comparten principios: consentimiento, derecho al olvido y portabilidad. Cumplirlas implica inversiones técnicas significativas. La cooperación entre países resulta necesaria para evitar vacíos que faciliten abusos. Si las legislaciones se armonizan, las marcas tendrán mayor claridad para diseñar procesos consistentes en múltiples mercados.

Al mismo tiempo, la saturación regulatoria puede frenar la innovación. Los expertos debaten cómo equilibrar el control con la flexibilidad. La tendencia apunta a sistemas de certificación dinámica, donde las empresas demuestran cumplimiento mediante auditorías continuas en lugar de trámites únicos.

Consumidor crítico, marca adaptativa

El consumidor moderno no busca desaparecer, sino ser reconocido en sus propios términos. Desea sentir que su información tiene valor y debe recibir contraprestación. Las marcas, por su parte, necesitan demostrar utilidad concreta para cada dato solicitado. La transparencia en esa ecuación será determinante para sostener relaciones sostenibles.

Los equipos de marketing comienzan a incorporar roles de ética de datos. Estos profesionales traducen normativas en prácticas cotidianas, revisan campañas y aseguran uso responsable del contenido generado por usuarios. Su función crece a medida que la confianza se consolida como nueva moneda comercial.

Más allá del marketing ciego

El marketing ciego no implica ignorancia sobre el público, sino sensibilidad respecto a los límites de información. Las empresas que logren reinterpretar este modelo encontrarán valor en la observación indirecta, los espacios de comunidad y la interpretación del contexto. Es un camino que privilegia la empatía sobre la microsegmentación.

El futuro del marketing dependerá menos de la cantidad de datos recopilados y más de la calidad de las preguntas que las marcas formularán. Preguntar con moderación, explicar con claridad y respetar la respuesta serán los nuevos pilares de una comunicación auténtica en la economía de la privacidad.