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La verdad, también está en funciones

viernes 16 de septiembre de 2016, 10:56h

De pequeño me decían que esas pintitas blancas en las uñas que todos los niños hemos tenido, era por haber dicho alguna mentirijilla, pero de mayor te enteras que esas manchitas blancas en las uñas, cuyo término médico es leuconiquia, es la responsable de esta decoloración por falta de calcio, aunque la causa más típica es alguna herida o golpe en la base de la uña. Está claro que la ciencia, acaba siempre con la inocencia. En cualquier caso, yo procuraba no decir ninguna mentirijilla e incluso creo recordar que me he confesado y pagado mi penitencia eclesiástica de niño de colegio de curas, e incluso añadiendo el acto de contrición correspondiente para evitar la reincidencia. Parece que ni las amenazas, ni las advertencias han servido para nada y la mentira se ha convertido en moneda de cambio imprescindible para la pervivencia política.

Hemos asistido muy recientemente a la exaltación de la mentira a sus más altas cotas, a raíz del escándalo Soria, donde una vez más Dolores de Cospedal (Lola la Finiquito) salió a la palestra trastabillándose como de costumbre cuando tiene que mentir en nombre del partido sobre un despido o un nombramiento, que para el caso es lo mismo, pues en ninguno de los dos casos superan la prueba del algodón. Mentir es algo deleznable pero licito cuando el acusado comparece ante un tribunal en un estado de derecho, pero desde una tribuna pública, como representante de los electores, o como servidor público, no solo es vergonzoso, sino intolerable. Muchas de las mentiras más ridículas son de corto recorrido, pues su factor probatorio es bien sencillo, además de suponer un descarado insulto a la inteligencia.

La manipulación del accidente del Yak42 que tanto dolor sigue causando a los familiares de las víctimas o de aquel 11-M de trágico recuerdo, quedaran como dos grandes mentiras de estado que nadie puede ni debe olvidar por la grave manipulación de la verdad en aras a oscuros intereses aun sin aclarar y lo que es más grave, sin que ningún responsable político haya pagado por ello. Se ve que aquel sanguinario atentado en los trenes, que desde el poder se intentase atribuir a los asesinos de ETA y que los españoles no nos tragamos por más que lo quisieron Acebes, Aznar e incluso Rajoy por entonces candidato a la presidencia, fue el principio del fin de la credibilidad del Partido Popular. Aquello parece ser que fue la escuela en la que se han formado ciertos políticos expertos en darnos gato por liebre cuando se precie, considerando microcéfalos a la mayoría de los españoles.

Rajoy mintió entonces y miente ahora, inventando una historia mal contada sobre la convocatoria de un concurso inexistente, como si se optase a una plaza de jefe de sección en la dirección general de cohechos y prevaricaciones (no existe, pero falta poco para crearla) pero no se sabía cuál era el baremo y los méritos acumulados por los licitadores, salvo el hecho de ser amigo del ministro De Guindos, o en su defecto ser compañero de orla de la promoción del 84 de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado conocidos en el argot administrativo como los tecos. Por cierto, por asociación fonética, me acuerdo de ese dúo hortera de quinceañeros llamado Los Pecos, que tenían una canción titulada Mentira para dos, que según me cuenta un camarero segoviano que trabaja en La Moncloa, es interpretada en el karaoke que han instalado en una sala anexa a donde se celebran los viernes el Consejo de Ministros, por Luis de Guindos (otra vez, Luis se fuerte) y Mariano Rajoy, haciendo los coros el resto de ministros en funciones, vicepresidenta incluida, salvo Cristóbal Montoro, que con esa vocecita de vicetiple que tiene, les hacía perder el tono al resto. El final del caso Soria ya estaba anunciado por Los Pecos en la mencionada loa al engaño: “Y ahora somos dos (Rajoy y De Guindos) recordándote, y ahora somos dos olvidándote, porque fuiste una mentira para dos y ahora queda solo en ti, en tu pobre corazón y un recuerdo que olvidar en un rincón”…….de la Comisión de Evaluación del Ministerio, añadiría yo.

La verdad ciertamente, esta como ausente o en funciones, sin atreverse a salir por miedo a que se sepa lo que esconde. Lo de mentir es algo endémico con este gobierno y especialmente con su presidente, pues después de analizar su currículo debería estar descalificado para ser elegido por sufragio universal, simplemente por decencia democrática. Ni los escándalos de la caja B, ni las obras de la sede, ni la corrupción recalcitrante de su entorno, parecen hacer mella en los votantes lo cual le permite seguir siendo cabeza de cartel cinco veces consecutivas, pues bajo el lema que esgrimen de “todos son iguales”, los incondicionales del PP prefieren que les representen los golfos conocidos y sus correligionarios cercanos, que los presuntos por conocer.

Nos mintió Rato con lo de Bankia, nos mintió Miguel Ángel Fernández Ordoñez con los escándalos sucesivos de las cajas de ahorros, nos mintió Lola la del Finiquito con Bárcenas y con Soria. Rita Barberá, Alfonso Rus, Camps y una larga nómina de corruptos del PP valenciano, Matas, Granados, Urdangarin, la banda completa de imputados de la Gurtel, los golfos de los ERES, Aquamed, los de la Púnica, los de las tarjetas black, el Clan de los Pujolone y muchos más. Pero lo más tremendo, es que los que venían a regenerar la democracia, nos siguen mintiendo. Rivera dice un no rotundo y convincente una y otra vez, pero luego dice si sobre la misma cuestión, y no pasa nada. También nos mintió Monedero con sus cuentas embarradas y aun justificaba su inocencia mientras pagaba la multa que obviamente reafirmaba su evasión fiscal.

Entre tanta mentira, la corrupción se ha erigido como la verdadera lacra de la democracia que ha hecho mella en los ciudadanos en descredito de sus representantes políticos. Mientras la España corrupta no ha parado de crecer inmersa en los peores años de la crisis económica, sobre todo durante los grandes recortes del Gobierno de Rajoy, también lo han hecho sospechosamente los multimillonarios, que no han dejado de crecer. Entre 2011 y 2014, el número de contribuyentes que declararon tener un patrimonio superior a los 30 millones de euros aumentó un 44%, según datos publicados por la Agencia Tributaria, sin estar claro del todo en que se fundamenta este crecimiento, muy superior al que han registrado los ingresos medios en España. ¿Estarán relacionados ambos fenómenos?

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