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Mayores activos

Apreciar y disfrutar de la soledad y del silencio
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(Foto: Pixabay)

Apreciar y disfrutar de la soledad y del silencio

martes 24 de octubre de 2017, 07:00h

A veces se confunde aislamiento impuesto con una soledad consciente y deseada. En algunos momentos, esta soledad ayuda a asumir la vejez y a vivirla mejor.

Uno pasa las hojas de la agenda y siente una especie de rumor en las arterias y en la epidermis que llega hasta la médula. Durante años, mi agenda venía marcada por horarios de clases, fechas de exámenes, conferencias, artículos, congresos, cursos, entrevistas, comidas, tutorías y mi servicio de voluntariado en Solidarios para el Desarrollo, ONG nacida en la universidad complutense.

Ahora hay fechas apuntadas para revisión con el cardiólogo, neumólogo, otorrino, holter, cardiogramas, analíticas, controles. Cita con oculista, dentista o con el de las alergias para uno o la revisión oncológica del otro.

Lo hablaba con mi mujer después de la cena, cuando solemos comentar lo que cada uno va a hacer al día siguiente o si alguien viene a comer durante el fin de semana. Nos sorprendió que lo único seguro son las citas con los médicos, seguir alguna serie en Movistar, las que compartimos y las que cada uno ve cuando le parece. Cuando te descuidas tratan de envolverte en algo para “pasar el tiempo”.

Sí que tengo quehaceres, menos compromisos, escribir artículos cada semana, terminar dos libros inconclusos, escribir cada día 3 o 4 horas en “Remembranzas”, lo que se me ocurre cada día sobre algo vivido, mantener una sección de “Adultos activos”, y en Internet: Facebook, CCS, WP, Twitter y correspondencia viva. Siempre anduve reservando libros, viajes y tareas para cuando dispusiese de ese “tiempo” que me faltaba: filología, etimologías, los clásicos, Historias universales, medio ambiente, novelas aparcadas, ordenar originales y ensayos, Cuentos transcritos que había contado en viajes largos, ordenar librerías, conferencias que me habían transcrito y nunca pude releer. Ahora me pregunto: ¿era necesario tanto y tan de golpe?

Por muy pospuesta que tengas la jubilación… esta llega siempre de repente, y nunca estamos preparados. Por eso existen instituciones sociales que se ocupan de la adaptación de las personas mayores a las nuevas realidades. Salud, tiempo libre, ejercicio físico, caminar y nadar, cuidar plantas, aprender nuevas tecnologías y habilidades, alimentarse bien, mantener bien las relaciones familiares sin abusos ni dependencias; pero ante todo, no abandonar hábitos saludables ni, de la noche a la mañana, obligarse a un batiburrillo de actividades.

A veces, se insiste demasiado en que hay que salir, moverse, relacionarse, apuntarse a cursos partiendo de que “la soledad no es buena”, al confundirla con el aislamiento. Algunos médicos advierten contra la soledad en la vejez, por sus presuntos malos efectos. A veces, produce beneficios.

Ahora vivimos más años por la mejor alimentación, los controles médicos, los fármacos y las mejores condiciones de vida en los llamados Estados de Bienestar social, al menos para algunas personas que se han podido preparar para el “tiempo liberado”.

Pero no hay que confundir actividad con atolondramiento, control médico regular con hipocondría, ni ignorar nuestros rasgos de la personalidad y del carácter que hemos ido conformando a partir del temperamento por medio de la educación y del acceso a fuentes de conocimiento gracias a la revolución de las comunicaciones. Y a la inmensa suerte que algunos hemos tenido de recibir una educación superior y de haber podido trabajar en lo que nos gusta y ha hecho tan dichosos.

No podemos dejar de ser quienes hemos sido durante sesenta o setenta años. Y si no le gustaban las manualidades, o ir en grupo a visitar museos, o la nouvelle cuisine o la jardinería, o ir a un gimnasio con un horrible y fosforescente chándal y unirse a un grupo de hombres y mujeres gordos, calvos, ruidosos o comatosos para ponerse a hacer aeróbic o “meditación trascendental”, así, sin más, e impartida por quién sabe quién.

Uno de los factores más provechosos y positivos de la soledad es el impulso espontáneo hacia un territorio propio y nuevo donde establecerse y restablecerse con una salud y vigor desconocidos. La presión social de dar quehaceres a las personas mayores no consigue, en muchos casos, sino atosigarlas.

Controlando lo fundamental en los mayores, cada persona debe ser fiel a sí misma y coherente con sus gustos y aficiones. Muchas veces, la soledad es un hontanar de vivencias y de satisfacciones. No podemos ignorar las tradiciones culturales, religiosas o sociales de cada uno. Al contrario, sería mejor mantener un respetuoso silencio.

Había un cura que veía todas las tardes a un anciano que se sentaba en un banco y se dormía plácidamente. El cura le preguntó por qué venia a la iglesia a echarse la siesta y el anciano le respondió: “es que el perro viejo en ningún lugar duerme como a los pies de su amo”. El joven cura insistió y le preguntó cómo oraba. El anciano con una sonrisa de comprensión musitó: “Yo lo miro y él me mira”.

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