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Mayores activos

Comerciar con niños para probarlos en el fútbol

martes 19 de septiembre de 2017, 08:22h

Me senté en un banco durante mi paseo matutino por un parque, ya que han cerrado la piscina. Quizás no sólo fue por cansancio sino porque allí estaba como ensimismado con un periódico sobre las rodillas una persona mayor de los que se les nota activos. Rondaría los ochenta o algo así y yo, como me ha sucedido durante toda mi vida en los viajes y hasta en cualquier sala de espera, me sentí como atraído, como si allí en aquella persona hubiera algo para compartir. Mi mujer dice que no siempre acierto y se imagina lo que respondo, alzándome de hombros", yo no busco nada pero a veces las historias, las penas y los sucesos salen a mi encuentro”. La verdad es que siente una especie de prevención a nuestras esperas en cambios de aviones o en el hall de un hotel o cuando nos sentamos en una terraza para tomar algo y “ver pasar a la gente”, como respondió W. Somerset Maugham cuando le preguntaron que de dónde sacaba a sus personajes.

Ella dice que siempre me invento historias, pero lo cierto es que cuando se cumple mi intuición o premonición bien que le gusta que se la cuente, porque lo que es leerme en artículos, libros míos... por encima y al terminar las conferencias, cuando le preguntaba... “pero si eso lo cuentas siempre, ya te lo he oído”. “Oído”, tomen nota. Y yo no sé si cortarme las venas o dejármelas crecer hasta otro plenilunio.

Pues bien, el caso es que el señor, una vez formulados los saludos me leyó esto que venía en Cartas al director: “El sábado, quise volver a llorar de emoción viendo ese maravilloso deporte épico. Quise llorar como el día en que Perico ganó la Vuelta a España del 85 camino de Segovia, o con el mismo Perico saliendo de la niebla en Luz Ardiden en el Tour de ese mismo año. Quise llorar como lloraba el gigantón Eros Poli cuando llegaba a Carpentras después de subir el Mont Ventoux en solitario para evitar el fuera de control, o con Chiappucci llegando a Sertrieres en una escapada que pudo culminar gracias a una pájara del robot Indurain. Quise llorar como el día que Jalabert cedió la victoria en Sierra Nevada, o aquel maravilloso 29 de julio de 1998 en el que encabezó la deserción del Tour de la epo ante la persecución policial a los ciclistas, el día de la dignidad. Pero no pude llorar, pues Contador nunca me emocionó, serán sus formas o esos gestos finales al cruzar la meta. No lo sé; creo que amo este deporte por encima de ningún otro y siento no poder decir que lloré cuando vi a Contador cruzar la meta del Angliru”. Lo firmaba Alfredo Alba desde Valencia.

Hay otras opiniones sobre Contador como las que hubo sobre Indurain el "robot" o conejillo de Indias en experimentos de la Universidad de Navarra, que algún día saldrán del todo a la luz. Contador merece respeto pero no su evasión fiscal, actitud compartida con otros mercenarios deportivos. Algunos, músculos con furia pero sin mucho cerebro salvo el necesario para dirigir su fuerza; que se venden y compran, los traspasan con independencia del país, de la ciudad, del idioma y de sus costumbres hasta el punto de que muchos no hablan bien ni su propio idioma, que no suele pasar del de su barrio. Ahora, los que sobreviven a las pruebas, lo hacen con toda suerte de lujos disparatados, algunos con aviones y yates privados, cochazos a pares y cada vez más caro y que no pueden utilizar como permite su potencia, en casonas que no saben disfrutar porque les gusta "comer" con el brazo izquierdo apoyado del todo en la mesa; que ejecutan el gesto ancestral de bajar la cabeza hasta el plato porque el otro brazo también tiene el codo pegado a la mesa; viviendas como las de La Finca que necesitan de un personal de servicio adecuado. A Anelka le bastaba con el futbolín en pleno salón para jugar con los amigos que mandó venir desde Paris a La Moraleja.

Lamento el tono de estas palabras mías pero ¿nunca se han parado a pensar por qué sus clubes, al firmar sus contratos, no incluyen una cláusula por la que, según su nivel cultural, tendrían que dedicar algunas horas a la semana a educación general, enseñanzas de idiomas, de costumbres de los países en los que juegan, de saber estar y de que sus vidas no tienen por qué seguir en manos de sinvergüenzas, traficantes de esclavos y de gladiadores, sino aprovechar esos medios para formarse y disfrutar ahora y cuando ya no los necesiten. Ropa de lujo, encuentros fáciles, caros pero limpios y seguros, viajes en los que van "conectados" a auriculares que les envuelven en un mundo limitado y con ruídos.

“Menos "fundaciones", me decía algo airado mi nuevo amigo, para que los niños del tercer mundo jueguen al fútbol, pescar "promesas" que a la mayoría suelen dejar tirados si no rinden como esperaban”. A lo que yo añadí “y seudo fundaciones que se ha demostrado que muchas de ellas sirven para lavar o escabullir dinero. Esto no es auténtico deporte sino negocio con mercenarios que les da igual la camiseta que vistan, aunque sea en una lejana provincia de Azerbaiyán, China o en una perdida ciudad brumosa y aburrida en la que antes jugaban al futbolín como el pobre y aburrido Anelka y ahora se enchufan a los Iphones y se emboban con sus Tabletas”. Y hoy no hablemos, prosiguió, de la sangrante lista de niños promesas que trajeron desde sus hogares en África o en Latinoamérica, no se preocuparon de proporcionarles una buena educación en esa adolescencia expatriada y, si no alcanzaban las marcas previstas, o no respondían como Messi a los tratamientos de todo tipo para hacerlo crecer, los devolvían a sus casas o los dejaban caer en manos de explotadores y sinvergüenzas sin escrúpulos”.

Esos niños, apenas adolescentes, desarraigados y separados de sus familias en la miseria, después de unos años de comer bien, cuidados médicos, ropa limpia y sueños de competencia y de ídolos en sus almohadas merecen un buen estudio, contrastado y documentado. Porque esa es otra forma de esclavitud y de comercio de seres humanos comparable a los niños y sus “oficios” en los antiguos harenes. Antiguos, digo, en Turquía hasta que llegó Atatürk y desalojó al sultán en 1922; pero hay constancia de que todavía se sirven de ellos en autocracias de la actualidad. Para terminar, lo que sucede aún con los desgraciados niños de la guerra y de niñas como botín entre bandas fanáticas africanas; y de tantos "niños" deshumanizados como los gamines colombianos de la calle y de las bolsas con pegamento. A quienes los voluntarios de Solidarios acompañábamos en la noche con jóvenes de Pereira para darles “agua panela” y unos panecillos antes de que se durmieran sobre sus esterillas en los soportales de la plaza mayor de Pereira, como sucede por desgracia en otras ciudades colombianas... para, al amanecer, verlos tirados en los cubos de basura con un tarjetón atado al tobillo y con estas iniciales NN, No Name, sin nombre y sin piedad víctimas de un pistoletazo de los pandilleros. La denuncia pública desde la catedral de Pereira llevó al asesinato a boca jarro del secretario del hoy cardenal retirado en Roma, mi buen amigo, Darío Castrillón.

Mirad por donde transcurren los caminos de los adultos activos e interesados por las cosas que pasan. Hemos quedado para tomar unas cañas la próxima semana. Ya os contaré porque me pareció una persona muy cabal e interesante.

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