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Palique y economía

Palique y economía

lunes 06 de octubre de 2008, 18:17h
Actualizado: 08 de octubre de 2008, 07:14h
El sistema del presidente Zapatero para afrontar la crisis es muy castizo: dar palique. Da cháchara sobre la situación económica en las Cortes en los hoteles y en La Moncloa, con corresponsales de prensa o mandatarios exóticos, con banqueros y con la oposición. A García Escudero le soltó la gracieta de que “seguramente Wall Street y el sistema financiero internacional están esperando sus propuestas” pero lo que desea la opinión pública son las propuestas del Gobierno y no las de un senador sin responsabilidad ejecutiva. Lo que se entiende por una política de Estado. Pero Zapatero insiste en su simple y contradictoria verborrea.

Una política de un Estado a la cabeza de Europa en paro registrado consistiría en no haber vendido reservas de oro cuando dicho metal estaba subiendo, en no convertir el superávit en déficit en unas semanas, en no hacer previsiones de gastos superiores a las perspectivas de crecimiento y en no adquirir compromisos en la sombra con minorías regionales para sobrevivir a los trámites presupuestarios.

    No es, por ejemplo, una política de Estado aventurar que “todos queremos que la Fuente de Neutrones se instale en Vizcaya”. Porque tan interesante instalación igual puede hacer manar neutrones en los alrededores de Bilbao que en Bollullos del Condado. Lo único que quiere el Presidente son unos votos para aprobar unos Presupuestos Generales antes que negociarlos con las mayorías parlamentarias, haciéndolo con un partido que presenta como candidato a lehendakari a una persona que lucha contra “una alambrada” que, según él, es la unidad de España.

    Su camino es negociar estos Presupuestos con un PNV insolidario con sus teorías progresistas y con su aparente constitucionalismo y no demostrar voluntad de acuerdo con los representantes de media España.

    No hacer nada de interés general pero dar palique, dentro y fuera de España, a quien tenga paciencia para escucharle, mientras permanecen cerradas para él las puertas de los  centros neurálgicos de Europa y Norteamérica donde se está intentando reaccionar frente a la crisis. Mucho palique y ninguna política económica.
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