Cierres improvisados
lunes 24 de noviembre de 2008, 13:55h
La muerte de un joven que, como otros miles, sale a divertirse y que termina en el Instituto Anatómico Forense tras recibir una paliza de unos porteros de discoteca siempre es un drama, tanto para sus familiares y amigos como para la sociedad. Pone de manifiesto que esa violencia que late a nuestro alrededor en un momento determinado es tanta en determinados sectores que termina por arrancarle la vida de las víctimas. Sólo entonces es cuando cuando parecemos descubrir lo que nos rodea.
"Dale una gorra de plato y se creerá capitán general" reza un dicho popular que, lamentablemente, se cumple en la mayor parte de los casos. Y da igual que hablemos de los vigilantes jurados del Metro o de los porteros de las discotecas. Es por ello que, además de un uniforme, hay que darles otras cosas como educación, directrices para realizar mejor su oficio, conocimientos sobre los derechos y deberes de los ciudadanos y explicaciones sobre el papel que han de jugar en la sociedad.
Desde hace catorce años, los vigilantes de seguridad están obligados a cumplir el decreto del Ministerio del Interior que regula los requisitos que deben cumplir si quieren conseguir la correspondiente tarjeta de identidad profesional y su cartilla de tiro si utilizan armas. Entre ellos, no sólo se pide ser mayor de edad, pertenecer a determinados estados miembros de la Unión Eurropea o poseer aptitudes físicas determinadas sino también demostrar que se posee la capacidad psíquica para desempañar la tarea, tener una preparación adecuada o carecer de antecedentes penales. Y, a pesar de todo ello, de vez en cuando saltan los casos en los que se constata una fuerza desmedida, un abuso de autoridad o una utilización de armas ilegales por parte de quienes deberían velar por la seguridad en vez de quebrarla.
Quienes se mueven en el mundillo de la seguridad saben que, por el contrario, muchos de quienes ejercen la actividad de porteros en ciudades como Madrid, basan todo en la fuerza bruta. Y cuanta más mejor a juicio de determinados propietarios de discotecas y bares de copas que, por encima de todo, buscan "armarios" con dominio de técnicas de defensa personal. También saben que muchos de estos "gorilas" son muy aficionados a dotarse de "herramientas" como puños americanos, machetes y hasta armas de fuego con la excusa de que deben velar por "su" seguridad.
Por ello sorprende la hipocresía social cuando "ahora" se "descubre" cómo se encuentra un sector, minado por ciudadanos de países del este, muchos con pasado militar, que habían encontrado en este mundo un caldo de cultivo apropiado para desarrollarse.
Y también sorprende la reacción de las autoridades. La Comunidad que llevaba trabajando siete años en un reglamento lo ha aprobado, finalmente, en el tiempo récord de cinco días; el Ayuntamiento de Madrid que, desde marzo, acumulaba una tras otra hasta 47 denuncias contra el local a cuyas puertas murió Álvaro Ussía lo cierra en día y medio. Y a continuación, por si acaso, ordena el cierre de algunas de las salas más emblemáticas de la ciudad sin atender más que a salvar la cara.
Los empresarios aseguran que se ha incumplido el procedimiento administrativo y que no se ha tenido en cuenta que, con la medida municipal, se ha dejado sin trabajo a algunos centenares de personas. Los nostálgicos dicen que, con la medida, se ha dado un golpe de gracia a la noche madrileña y los más pragmáticos aseguran que con el cierre de algunas míticas salas como La Riviera, Madrid queda fuera de los circuitos de música en vivo por la falta de escenarios medianos.
Para quienes opinan que muerto el perro se acabó la rabia, la solución, aunque tardía, es la mejor de las posibles. Pero hay otros muchos que se preguntan: ¿Era esta la mejor solución en este momento de crisis? ¿no tiene el Ayuntamiento más medios que el cierre inmediato de un local para lograr que se cumplan unos reglamentos cuya estricta aplicación supondría, de hecho, el cierre de buena parte de los establecimientos públicos? ¿no es verdad que el Ayuntamiento tiene acumuladas cientos de denuncias levantadas a lo largo de los últimos meses , e incluso años, por la Policía Municipal sin que las haya podido tramitar? ¿y qué va a hacer?¿cerrar medio Madrid? Nunca es bueno adoptar medidas llevados por la urgencia y, lamentablemente, en esta ocasión se ha dado la impresión de actuar a golpes de improvisación.