Más política y menos agitación sanitaria
miércoles 26 de noviembre de 2008, 12:23h
Madrid necesita más política sanitaria y menos agitación verbal y propaganda inauguratoria. Madrid necesita un pacto social por la sanidad pública. Un pacto que debería contribuir a dotar a Madrid de una política sanitaria desde el consenso, el diálogo social y la participación, afrontando los retos de la atención primaria, resolver los problemas de las listas de espera y reforzar los recursos hospitalarios y de atención especializada. Un pacto que debería reformar la Ley de Ordenación Sanitaria y revisar en profundidad las leyes de acompañamiento de los presupuestos autonómicos, que otorgan carta blanca a la política de privatizaciones indiscriminadas.
Política significa, sobre todo, asignación de recursos presupuestarios en función de prioridades. Venimos en Madrid de unas transferencias sanitarias mal negociadas que vinieron con un déficit de en torno a 1.200 millones de euros. Venimos de una política de regalos fiscales de Esperanza Aguirre que, tan sólo el año pasado, privaron a la Comunidad de ingresar 1.800 millones de euros y que este año, por efecto de la supresión del impuesto sobre el patrimonio, incrementarán esta caída de ingresos en 630 millones de euros para beneficiar a unos 170.000 contribuyentes millonarios, de los más de 2.300.000 contribuyentes madrileños.
Venimos de intentar tapar la falta de ingresos con inversiones privadas, de forma que los siete nuevos hospitales, que hubieran costado 640 millones de euros, nos terminarán costando 3.750 millones para pagar beneficios e intereses del sector privado, que ha encontrado en la sanidad madrileña una oportunidad de negocio.
Vamos hacia la privatización total de las nuevas infraestructuras hospitalarias, de forma que los nuevos hospitales madrileños en Móstoles, Torrejón, Villalba y Carabanchel serán privados al ciento por ciento, siguiendo el modelo del hospital de Valdemoro, que sobre suelo público ha edificado un negocio privado.
Vamos a unos presupuestos sanitarios en Madrid marcados por la hipoteca privatizadora y la crisis económica que disminuye los recursos públicos. Por eso tras una subida nominal del 2,71 por ciento en la sanidad madrileña se esconde un recorte real del 0,8 por ciento. Cómo se afrontarán las necesidades sanitarias de 2009 con menos dinero que en 2008. Esa es la gran pregunta que cabe hacerse.
Estamos a la cola del gasto público sanitario por habitante, sólo seguidos por detrás por la Comunidad Valenciana. Las dos regiones que con más fuerza impulsan los procesos privatizadores. Dedicamos a sanidad el 3,6 por ciento de nuestro Producto Interior Bruto, mientras la media española alcanza el 5,2 por ciento del PIB.
El gasto en los nuevos hospitales y para la asistencia sanitaria con medios ajenos crece un 63 por ciento, pero los hospitales tradicionales caen un -2,8 por ciento en sus partidas de gasto. La inversión pública en infraestructuras sanitarias se reduce un 16,5 por ciento, pero ya el año pasado cayó un 35,4 por ciento. Los gastos de personal decrecen un -2,3 por ciento, con lo cual es imposible mejorar la dotación de profesionales por más que nos cuenten lo contrario todos los días y a todas las horas.
Todo el que denuncie esta situación seguirá siendo tachado de “liberado sindical” o “subcontratado” de la oposición política. Pero todo tiene un límite y va siendo hora de que Esperanza Aguirre explique qué van a hacer sus “liberados políticos” para atender las necesidades sanitarias de más de 6 millones de madrileños y madrileñas cuyo horizonte no puede ser suscribir un seguro sanitario privado, sino ver garantizado su derecho a una asistencia sanitaria gratuita, pública y para todas y todos.
Porque eso es hacer política. Los juramentos ultraliberales, los cantos al libre mercado, los ataques al gobierno central que cedió las competencias sanitarias hace ya muchos años al Gobierno regional, las agresiones contra la libertad sindical, ocultan la incapacidad demostrada para gestionar un sistema sanitario como el madrileño.
Aplíquense por tanto a escuchar las necesidades de la ciudadanía, negociar sin tregua y sin complejos, acordar, trabajar y poner orden en los recursos. Lo demás es ideología trasnochada y caduca. Y cuando tienen que recurrir a argumentario ideológico tan barato y tan averiado hay que echarse mano a la cartera.
Francisco Javier López Martín
Secretario General CCOO Madrid