Héroes y víctimas
viernes 28 de noviembre de 2008, 18:08h
Bombay. Zona Cero en el símbolo financiero de la nueva India emergente. Así se llama a hora a los países cuyas economías compiten con las de los países desarrollados y ya no son considerados del tercer mundo, aunque de los niveles que miden su desarrollo humano, educativo, sanitario y cultural, para equipararse con el Occidente bienpensante, sólo sabemos lo que nos cuentan los que parecen monos de Gibraltar porque no ven, no oyen nada de lo que pasa en zonas extensas del planeta donde la muerte de los niños, los mayores y los medianos es casi tan natural como la caída de la hoja en otoño.
Por casualidad, por el sitio de los tiros y las bombas de los asesinos militantes del desastre y el fanatismo pasaba una ciudadana de Madrid en compañía de un buen número de empresarios, periodistas y asesores políticos. Esa madrileña, que resultó ser la presidenta de la Comunidad de Madrid, y los que viajaron con ella a India, asesores políticos de primera, dirigentes del empresariado madrileño y periodistas con cargo, se convirtieron en personajes heroicos de una fabula real en la que los buenos escapan de las garras de los malos y salvan la vida.
Esperanza Aguirre se vio envuelta en una acción paramilitar liderada por personajes siniestros que tiraban contra todo lo que se movía y salió ilesa de la refriega directa hacia el aeropuerto para volver a Madrid, donde le esperaban un buen número de plumilla de todo tipo de medios de comunicación como si regrese de la guerra una coronela salvadora. La vida política se paralizó, la vida real continuaba como todos los días y los informativos fijaban su objetivo en los héroes de Bombay.
Por fin, Aguirre se presentó con unos calcetines que daban el cante más que la nube de fotógrafos esperando a una estrella que se hacía esperar, contó cómo vio lo que sucedió, atendió preguntas y cuando todo se acabó se marchó a dormir y descansar después del suceso que la convirtió en protagonista para los españoles. Estuve en esa multitudinaria rueda de prensa sin saber muy bien qué pintaba allí. Pregunté a mis colegas cuál era la noticia que íbamos a cubrir y no encontré respuesta lógica.
Todos coincidían en que la gran noticia fue el drama, en el que Aguirre y otros muchos de España, India y quizá más países sólo fueron espectadores pasivos y sufridores, que quedó en Bombay y en el que decenas y decenas de cadáveres quedaban tirados en las calles, los hoteles y otros lugares elegidos por los criminales que llevaron a cabo esta acción terrorista. Ellos, los asesinados por estar cerca de los parajes por los que se retuerce la muerta, son las víctimas. No sabemos sus nombres, sus profesiones, sus aficiones ni tampoco de qué parte de India eran. Son los grandes olvidados.
Los españoles nos dejarían que sus muertos en los atentados islamistas de Atocha cayesen en el anonimato ni en el olvido. Sin embargo, por razones difíciles de entender, los héroes se han tragado a las víctimas y lucen su desgracia sin recordar a los que no están y les han posibilitado el protagonismo por sus hazañas en la Bombay de los negocios y las armas. Y los de los negocios de las armas, ¿qué piensan de esto?