OPINION/Víctor Gijón
viernes 05 de diciembre de 2008, 15:08h
Actualizado: 05 de diciembre de 2008, 23:43h
La frase es desacertada y pueril. En los ámbitos progresistas de los años setenta y ochenta hizo furor aquello de que “no hay nada más tonto que un obrero de derechas”. De ahí, probablemente le llegó la inspiración (?) al alcalde de Getafe, Pedro de Castro, para preguntarse por qué hay tanto “tonto de los cojones” que vota a la derecha.
La faltona expresión, pronunciada en un acto oficial pero en un contexto coloquial y distendido, ha levantado en armas al PP. De nada han valido las disculpas del alcalde madrileño, que es el actual presidente de la Federación de Municipios y Provincias de España. Los populares quieren sangre, dimisiones y ceses. La escandalera, comandada por Esperanza Aguirre, que sin embargo no se destaca por tratar con educación a los que la se la oponen --sin ir más lejos esta misma semana llamó bellacos a los que criticaron su salida pies en polvorosa de Bombay--, es la prueba palpable de que el PP mata moscas a cañonazos.
Puestos a destacar actitudes ofensivas, para todos los ciudadanos y no sólo para los votantes del PP, ¿por qué no hablamos de Fabra, el presidente del PP de la Diputación de Castellón, imputado por amasar una fortuna de cientos de millones y que suele insultar a la oposición que le pide explicaciones por ese enriquecimiento presuntamente ilícito?
Pero al PP lo que menos le importa son las palabras de Castro. Esa es la disculpa que aprovecha para tapar su inoperancia, su incapacidad para afrontar los problemas reales de los españoles. Todos los días el PP se ve pillado mirando para otro lado mientras el Gobierno propone medidas anticrisis. Por eso criticó el fondo de avales para los bancos, hasta que los principales banqueros del país llamaron al orden a Rajoy que terminó aceptado la oportunidad de la medida.
El fondo para ayudar a los ayuntamientos a crear empleo les cogió también con el pie cambiado. Mientas Arenas y la cúpula del PP lo rechazaba, la inmensa mayoría de los alcaldes populares, comenzando por el de Santander, anunciaban a bombo y platillo los dineros que les corresponden en el reparto. Pues bien, ahora quieren que en lugar de hablar de las cosas de comer, nos pongamos todos a lavar su honor mancillado.
Repito: la frasecita del alcalde de Getafe es una solmene estupidez, pero no tiene ni la mitad de gravedad que la acusación que Rajoy lanzó al presidente Zapatero en el Congreso de los Diputados, en la legislatura pasada, al que responsabilizó de ser cómplice de los terroristas y de haber traicionado a las víctimas de ETA. Acusación que, sin duda, afectaba también a los once millones de españoles que abinan votado al PSOE. Ni el PP se ha disculpado por su desmesura, que lo fue y mucho, ni nadie pidió ceses.