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La celebración de Ayacucho

La celebración de Ayacucho

martes 09 de diciembre de 2008, 16:02h
Actualizado: 26 de marzo de 2009, 15:25h

Cuando Bolívar vino por fin a conocer la república nominada con su nombre, una de sus primeros decretos instituyó el 9 de diciembre como una fiesta nacional más importante que el 6 de agosto. Así se propuso honrar al General Antonio José de Sucre, vencedor de la batalla de Ayacucho un año antes, en 1824.

En ese páramo inhóspito y helado, que en quechua quiere decir Rincón de los Muertos, Sucre había vencido para siempre al ejército español; había tomado 1.000 prisioneros, 60 jefes y oficiales, 14 piezas de artillería, 2.500 fusiles, parque y vituallas. Entre los prisioneros, el Virrey La Serna y el general Canterac, que de pronto fue conducido por el general patriota La Mar a presencia de Sucre para proponerle capitulación. Ya había caído Canterac y de pronto apareció frente al general Sucre, conducido por el general La Mar, a proponer capitulación.

Uno imagina a Sucre en pleno campo de batalla, mientras escribe sobre una piedra el primer parte de la batalla para que se lo lleven al Libertador. Todavía truena el cañón y suenan los disparos; se oye relinchar a los caballos y algunos heridos aúllan de dolor. Hay humo por todas partes, pero es necesario escribir el parte de batalla. Un muchacho, casi un niño, le ha cedido su tambor. Antonio José se sienta en el parche, junto a una piedra. Caicedo aprontó ya el tintero, la pluma y el papel. "Sí. general Bolívar, éxito completo. La América por fin es libre. Envío este parte apurado con mi fiel edecán Alarcón y con el suyo, el comandante Medina... Sucre tenía prisioneros al Virrey y a Canterac, a Valdés, Carratalá, Monet y Villalobos; a Bedoya, Feraz, Camba, Somocurcio, Cacho, Atero, Landázuri, Vigil, Pardo y Tur; coroneles, tenientes coroneles, mayores y oficiales, armas y municiones.

Al parte entusiasta de Antonio José uno tendría que agregar que había 1.800 cadáveres y 700 heridos del ejército realista, mientras el ejército de la patria había perdido 310 hombres y 609 heridos.

Bolívar estuvo apenas tres meses en Bolivia. El primer aniversario de Ayacucho fue el mayor acontecimiento después del día de fundación de la república. Fuera de los fondos públicos, Bolívar dijo haber gastado más de 4.000 pesos. Se recibió como regalo dos espadas magníficas de la municipalidad y el gobierno de Lima, de las cuales Bolívar decía que en Londres no las hacen mejor. Qué dulces fatigas pasó Sucre cuidando meticulosamente de la adquisición de la carne de cerdo, de res y cordero, de las especias y los vinos, pero sobre todo de las palmatorias, cera por centenares para dar a la Casa de Gobierno iluminación diurna en el banquete nocturno. Lo hizo en su estilo, escribiendo largas listas de ayudamemoria, precios y pistas para encontrar las mejores velas en el a veces exiguo mercado de Chuquisaca, cuándo no en el de Potosí, a veces más surtido.

Un año después, las fiestas se suspendieron hasta hoy. Es inexplicable que nunca más, ni siquiera el ejército boliviano, ha festejado la victoria de Ayacucho que se celebra hoy.


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