Si Dios no existe, los milagros sí
martes 13 de enero de 2009, 14:45h
Última actualización: miércoles 14 de enero de 2009, 07:51h
Jayne Campbell fue campeona de patinaje artístico en el Reino Unido. Hace unos días murió. Un tumor cerebral desarrollado a lo bestia, casi sin piedad, hizo reventar su cerebro de una manera casi inapreciable, sin avisar, traidoramente. Jayne llevaba en su vientre un ser viviente, un personajilla, mejor dicho una damita de apenas 27 semanas de gestación. El cerebro de Jayne no funcionaba, pero el resto de su cuerpo se le podía mantener vivo. Máquina para hacer funcionar el corazón y múltiples manipulaciones para que el feto desarrollase unos pulmones con los que vivir. Y el milagro se hizo realidad. Dios no existirá, según los anuncios de los transportes públicos, pero los milagros sí. Y el milagro esta vez se llama así: Milagro. Aya, en inglés.
La ciencia médica es así. El que más o el que menos tiene ciertas reticencias hacia los profesionales que, día a día, nos sorprenden con nuevos descubrimientos que nos permiten, al ser humano, vivir, y vivir bien aunque nuestro cuerpo, una máquina al fin y al cabo, sufra las averías mas imprevisibles.
Este que informa de lo aquí dicho, sufrió, hace unos meses, el mayor percance de su vida. Casi a punto de cumplir 55 años, un infarto de miocardio obligó a los médicos de Hemodinámica y Cardiología del hospital Puerta de Hierro de Madrid a aplicar 200 julios de desfibrilador para remontar una asistolia, una parada cardiorrespiratoria.
Desde entonces no hago más que investigar, preguntar, tratar de saber lo más posible por las enfermedades cardiovasculares. Y me he enterado de las maravillas que han hecho en ese sentido. Hasta tal punto que vivir, lo que es vivir, los cardiólogos te lo garantizan incluso con percances graves como el que yo sufrí tal que un 23 de agosto.
Pero he ido más lejos. Y veo como lo que antes era seguro de mortalidad, el cáncer, se puede superar con relativa facilidad en los tiempos que corren, y que otros males también se pueden superar. Y que existen milagros como el descrito aquí: traer al mundo a un bebé aún a pesar de que su madre ya no le podrá criar.
Los milagros existen en forma de ciencia, de medicina avanzada, de sanidad. Por eso, miren ustedes políticos de todo el mundo. Hagan lo que quieran con la crisis, con el bienestar o el malestar social, pero garanticen a todos algo a lo que tiene derecho hasta el más mísero de los mortales: la salud. Un derecho, no un negocio ni un juego